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6/07/2010

LIBROS: Arcoiris en Negro



LOS INCITANTES COLORES DE VILO ARÉVALO

Arévalo, Vilo. Arco iris en negro. Lima: Bizarro ediciones, 2007. 30 pp.

Vilo Arévalo (Lima, 1982) es una de las voces más recientes en la literatura peruana. Antologado hace algunos años en la compilación de Max Palacios: “Abofeteando a un cadáver”, con un poema del libro que estoy por comentar, ya ha demostrado en el taller literario con la escritora Carmen Ollé (CELACP, verano de 2008) sus notables dotes para la narrativa. Sin embargo es su primer poemario lo que nos ocupa en esta oportunidad. Una bonita edición (aunque con muy pocas páginas) cuyo contenido resulta muy interesante y, en el buen sentido, estremecedor pues su poesía se desarrolla dentro de un universo fantástico —y, por momentos, terrorífico— de alucinantes implicancias. Hay poemas muy logrados como “Fin del mundo” de reminiscencias apocalípticas:

“Las puertas del Tiempo se abren como llave de oro,
con la llave del inframundo, las tinieblas invaden el mundo,
la luz se esconde como una temerosa cría.” (pp. 28)


O el mejor poema del libro, “¿Demonio o Ángel?”, donde la dualidad es el tema primordial, la lucha de dos fuerzas internas que planean proyectarse al exterior, la mente humana y sus constantes desvaríos:

“Mi alma y mi vida me hacen preguntar si soy
Un ángel malvado o un demonio bondadoso.
Gritos de dolor, gritos de emoción...
Mi cuerpo quema por la lucha,
¿ganará la vida o la destrucción?” (pp. 26)


Aunque se percibe un aliento gótico y/o fantástico en esta entrega es fácil identificar algunos mecanismo propios de la ciencia ficción, por ejemplo en el poema que da título al libro, “Arco iris en negro”:

“Indiferente tormenta que azota todo,
el veneno del aire que respiramos
llenará nuestros pulmones y los quemará.” (30)

Existe, entonces, una gran deuda con Charles Baudelaire y otros poetas malditos. Los temas predominantes son: 1) la muerte, 2) el fin del mundo y la extinción de la raza humana y 3) el mundo post-apocalíptico planteado a partir de algunas reminiscencias bíblicas (los ángeles, los demonios, la luz, la oscuridad, etc).
Poesía de la buena, sencilla, sincera y carente de las innecesarias ampulosidades a la que otros poetas jóvenes someten sus textos. Quizá hubiera resultado interesante que el autor se animara a publicar un volumen más gordo, de al menos el doble de páginas. Sin embargo —y esto es sorprendente— sí es posible obtener una visión global del poemario y absorberlo como corpus integrado. El tema central: El Apocalipsis, está muy claro. También es fácil observar las posibilidades literarias del autor, las cuales se vislumbran óptimas debido al exuberante mundo que éste construye a partir del lenguaje (claro, preciso y bastante imaginativo).
En su primera entrega Arévalo nos obsequia buena poesía, mostrándonos sus grandes condiciones en pos de convertirse en una figura digna de seguimiento dentro de la literatura peruana actual. Recomiendo febrilmente no perder a este autor de vista.

Carlos Enrique Saldivar

5/06/2010

LIBROS - Cromosoma Z




Historias de porcelana FINA




Thorndike, Jennifer. Cromosoma Z. Lima: Bizarro ediciones, 2007. 108 pp.

Un libro que generó mucho comentarios al momento de su publicación y muy bien merecidos, por cierto, pues trata la homosexualidad de manera abierta no tanto como una llamada de atención a la sociedad, sino como una condición indesligable de la vida de estos atípicos seres que luchan por sobrellevar sus dramas continuos e incesantes. El primer libro de Jennifer Thorndike es un fuerte gancho de derecha a la literatura peruana que se centra a menudo en situaciones cómodas y sencillas, que todos queremos vivir. Este texto es distinto. Ya lo comentó muy bien Rocío Silva Santisteban en la contratapa: “Los lectores o lectoras no podrán salir ilesos”. Con un estilo directo y apropiado, aunque por momentos desordenado (tomemos en cuenta que el universo de los personajes queda reflejado en la prosa y éste es casi imposible de poner en palabras, sin embargo, en este caso, los mundos internos son claramente definibles) Thorndike narra mucho en pocas líneas y seguirle el paso no es difícil. Son diez cuentos que tratan el problema de la identidad sexual desde multitud de ángulos, como el amor no correspondido, las relaciones mal llevadas, o la desgracia humana debido a la condición de rechazado o de buscador de placeres imposibles (los ejemplos de este tipo de literatura por momentos ideal, a ratos realista, en ciertas ocasiones vital, en otras, sumamente pesimista, abundan en la literatura peruana, sobre todo en un subgénero literario que habitó en los noventa: el realismo sucio). Hay cuentos muy logrados, como por ejemplo “Porcelana”, donde el fetichismo es el tema central. Otro cuento digno de mención es “Maquillaje corrido”, donde la situación de desamor que vive la protagonista logra golpearnos en mitad del vientre. El amor es el tema central y un tópico derivado de inmediata importancia es el consecuente sufrimiento producto de algunos amores inalcanzables. Otros tópicos importantes son: la intolerancia y la violencia, los cuales se conjugan a la perfección en el cuento “El espejo multicolor”. Un relato que posee todos los elementos juntos es “Un mechón de su pelo”, que nos revela la fijación de una chica con una parte del cuerpo de la joven de la cual está enamorada. Situaciones insostenibles, realidades subyugantes, un nivel acertado de erotismo y manifestaciones un tanto perturbadoras son, en resumen, las constantes de este libro, diferente y muy recomendable.

Carlos Enrique Saldivar

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3/18/2010

LIBROS: Ypsilon Minus



La carátula de Eddie Jones, con la característica ondulación que Scévola le imprimía a su diseño para la colección Nova de Bruguera por allá en los 70', aunque atractiva (un eclipse monitoreado por una nave esférica sembrada de artilugios y antenas) no se correlaciona con ninguno de los episodios narrados en la obra.

La presentación de Carlo Frabetti “Entre el 68 y el 84” prueba a jugar con la magia de los números pertenecientes a fechas claves para la ideología de izquierdas, e incidental transmitirnos algo trascendente... y lo logra, al afirmar que colisionan en la “pesadilla tecnológica” descrita el espíritu anárquico pero genial del mayo francés con el mensaje antitotalitario de Orwell; se siente el influjo poderoso de las consignas de esa época (nunca podemos sustraernos al ahora) pero siempre aposentadas sobre la convicción honesta del introductor.

Al inicio no me ubique con claridad ante el nombre, pero tras culminar su lectura, desde la física llegaron en mi auxilio datos como: el mesón actúa cual portador de la fuerza que une protón y neutrón, y los fotones cual bosones que responden a interacciones físicas y lo traduje para mi fuero interno: “Ypsilon Minus” es “aquella fuerza mínima capaz de desencadenar un efecto asimétrico importante” o lo que es lo mismo: la chispa que incendia la pradera e inicia la revolución, coincidiendo con Frabetti.

Potente denuncia de la rígida y autoritaria sociedad de castas (más que de clases) forjada para supuesto beneficio de obreros, campesinas y otros sectores dedicados a las tareas de reproducción social, pero en realidad articulada de tal manera que minúsculos grupos (Nomenklatura y adláteres) gocen de aquello que escamotean al resto. Por el tema me recordó a “Nosotros” de Zamyatin y en cierta forma a “El maestro y Margarita” de Bulkákov, deviniendo en representativa de esa línea antiabsolutista de quienes padecieron o fueron testigos de las dictaduras del proletariado.

Seca y sobria en su intensa reflexión sobre los motivos y justificaciones de la ciencia y la tecnología exhala con frecuencia una tristeza que en ocasiones se desborda e impregna el hilo de la narración. Clara y hasta cruel en ciertas ocasiones, sin embargo lleva oculta en la intimidad del relato un manantial de compasión por el homo sapiens y esa sensibilidad la extrae de la recusación de las antiutopías negativas (orden y control) y la ubica en la ruta de aquellas proposiciones donde los seres humanos aún podemos alcanzar la libertad en forma concertada (lo cual de inmediato me llevó a pensar en las cuatro maneras de salvarse o condenarse que nos ofrece Lovelack en “Las edades de Gaia”).

Alterna la anécdota significativa (manchada por la poda incesante de lo subjetivo y personal, y el recorte permanente de la creatividad) con los fundamentos teóricos que justifican la opresiva organización social (es máximo el horror transmitido por sus frías, asépticas y precisas instrucciones), y mientras desgrana el triste panorama edificado se palpa tumultuosa bajo la superficie de las frases el pulso de la crítica sociológica y ambiental contra ese mundo polucionado (las máscaras de oxígeno, la lluvia ácida, el smog son compañía frecuente) y tan regulado, normado y penetrada por la sospecha ante cualquier gesto de naturalidad u opinión sincera, que hay momentos en que semeja un paraíso de robots, ya que sus habituales sesiones de ejercicios de relajación espiritual incluyen canciones que reiteran “No tenemos secretos entre nosotros, no tenemos nada que ocultarnos mutuamente” y hasta los coitos se consiguen a través de muñeca(o)s como las que hoy pregonan las webs y tiendas de sexo.

El contrapunteo entre el músculo de la acción individual y el andamiaje filosófico que se supone debe nutrirlo, genera un manantial de sarcasmo y de apotegmas que no por repulsivos dejan de ser impactantes: “El estado perfecto necesita también una historia perfecta” (me recordo la ausencia de las masas en la historiografía burguesa y la manipulación documental en la historiografía soviética, por ejemplo esas fotos donde a medida que quienes componen el grupo original se malquistan con Stalin, van desapareciendo borrados de las reproducciones permitidas al acceso pùblico). Asimismo, el cruel escamoteo del significado de las palabras, la elaboración sucinta y laboriosa de una realidad ficticia donde se marcha de maravilla sino observamos el detalle y nos mantenemos dentro de los parámetros (rememoro a Stanislaw Lem y su Congreso de futurología).

No obstante, el esquema que conjetura la implementación del modelo y que desnuda página tras página su esencia estalinista, expresada en: adoctrinar, someter el pensar, disolver el sentir, ya está perimido (como explicación y como plasmación concreta de voluntades políticas) tras el desplome del “socialismo realmente existente”, claro que se sigue intentando cristalizarlo con diferentes justificaciones y métodos, mediante oscuros e inesperados herederos (republicanos en USA o fundamentalistas islámicos en Medio Oriente) que parecen coincidir en que el problema fundamental a solucionar es el biológico-antropológico, por otro nombre: la vida independiente del capital o de la religión.

La pregunta clave apuntaría a: ¿Si se vive en el mejor de los mundos, en el estado perfecto, y la sociedad ha alcanzado la felicidad (como se afanan en difundir y repetir hasta la saciedad, altavoces, programas noticiosos, supervisores de células, carteles, murales de los bloques de vivienda o trabajo) ... para que es necesario el control?. Para expandirla, no, por que llegó a todo(a)s, para intensificarla, no por que ya la viven a plenitud, y entonces se instala ante el interrogante la más profunda desilusión. Convendría revisar con detenimiento el impagable “Catálogo de la evaluación de los puntos de calificaciones psicológicas individuales” que demuestra hasta que profundo nivel puede llegar el lavado de cerebro y programarse una persona para que cumpla con los requisitos y normas de un gulag sonriente, declamando poemas a la libertad y negando cualquier dato contradictorio con que se enfrente.

Pero Franke apuesta por la liberación y es por eso que de la cooptación por el grupo de poder salta hacia la marionetización primero y la detención luego, para extinguir una actividad considerada subversiva, además tiende puentes hacia otras obras pretéritas o futuras, así el descenso a los tùneles y subterráneos de mantenimiento que realiza el protagonista en su investigación para saber cual es su yo auténtico (el que brota en sus sueños provocados por narcóticos prohibidos o el que le han preparado e inculcado a través de tablas y reglas y practicado mediante convencionalismos y conformismo) posee un triple papel: conectarse con quienes se encuentran aún más bajos en la escala (semejanza con los morlocks de “La máquina del tiemopo” de HG Wells), señalar la solidaridad de clase (sentimiento hoy extraviado y que con nitidez ilumina algunos capítulos de “La Estación de la Calle Perdido”) y remarcar que las diferencias entre las castas conforman otra relación de clase (tal y como lo presenta Ira Levin en “Este día perfecto”).

También alude a los riesgos del totalitarismo, el verticalismo, el despotismo, para bordar una amarga antiutopía que señalaba con valentía y a contracorriente (recordemos que fue publicada en 1976 por Suhrkamp Verlag) en uno de los momentos de máximo esplendor del “SRE”, en aquel período donde quienes poseíamos un adarme de sensibilidad y un ápice de inteligencia militabamos en la izquierda, es igualmente una genuina estocada al papanatismo, un garrotazo al seguidismo; lastima leerlo tantos años después de traducido y publicado (casi de inmediato para esa década, ya que Bruguera la lanzó en 1978) y es que por esas tornas de la polìtica de las editoriales cuando no arriban importados a nuestras costas en su lanzamiento y podemos por fin adquirirlos y disfrutarlos (gracias al activo comercio de libros de segunda mano... o tercera... o enésima) en fecha muy ulterior, puede haberse diluido muchos años después el impacto abrumador que provocó en su debut.

Experto en estética cibernética y grafía de computadoras avizora lo que vendría y es así que podemos encontrar joyas que deberían rutilar en una novela actual que use el marco de la Teoría del Caos, para quienes lo deseen recomiendo las pàginas 111 a 113 y para aquellos que no tengan acceso al texto cito in extenso tres fragmentos:

  1. “Una vez que éste (el sistema ecológico del ambiente) haya alcanzado un grado de organización superior, las influencias del azar tienen siempre una tendencia destructiva. Por tanto en un estado social perfecto toda modificación inducida por el azar tiene que expresarse necesariamente en una reducción de la funcionalidad.”

  2. “En un mundo controlado por los hombres no hay lugar para el azar. Nuestra tarea es excluirlo. Nuestro mundo debe ser controlado por entero y dirigido en todas sus aspectos. Las influencias del azar en el ámbito de la técnica llevan a accidentes, la espontaneidad en el ámbito social conlleva perturbaciones”

  3. “Una vez superada la fase transitoria, el azar destructivo se elimina por completo de la estructura de acción del Estado Social. Así, con un corte total entre el micro y el macrocosmos se logra un estado de orden perfecto”


Podemos comprobar que la argumentación se apoya en la lógica maligna del paradigma newtoniano-cartesiano expandida hasta su postrera y perversa plasmación. Entre el flujo de vivencias del protagonista y su coro de pares (o de controladores) se filtran deliciosas disquisiciones sobre informática y sus proyecciones, las mismas que a más de seis lustros mantienen vigencia en muchos de sus puntos sean críticos o prospectivos, por ejemplo el siguiente párrafo: “Por lo tanto, la computadora juega un papel primordial en el sistema hombre/técnica: asume las funciones de anteriores gobiernos humanos, cumpliéndolas de modo ideal, sin las imperfecciones de aquellos. Es el instrumento perfecto de gobierno -desinteresado, inagotable, incansable- al servicio del hombre”.

Se adhiere al marco triple del universo constituido por energía, materia e información cuando dice: “La información era un medio mucho más eficaz para modificar al mundo que las herramientas o las armas...” y se vincula por doble enlace al efecto liberador que traen consigo la aplicación de la ciencia y la tecnología y a los derechos de los pueblos, cuando la rebelión anhelada por los opositores al régimen y perseguida por las unidades represoras, queda sistematizada en una tabla de guarismos aleatorios que al introducirlo en la red (gusano o virus), desencadena el desplome del sistema de control computarizado; ciencia y la tecnología aparecen definidos por la dictadura así: “son tareas características de una etapa de transición en la cual aún no se ha alcanzado el estado ideal ambicionado. El círculo de personas abocadas a tales tareas están fuera de la ley. Hay que reducirlas al mínimo posible. La comunicación entre este ámbito de labor y el mundo exterior está reducido al intercambio indispensable de datos técnicos”.

El supuesto nirvana donde moran la mayoría de las categorías clasificadas del andamiaje sociocultural de la sociedad descrita en Ypsilon Minus, sin siquiera enterarse, es un “Matrix”... pero presencial, donde los personajes actúan cual clones con anteojeras ejecutando las faenas programadas, y coagulada su capacidad para crear conocimiento, sólo serán capaces de renovar información para continuar funcionando. El abismo hacia el que se precipitan signado por la eugenesia, el control físico y genético elevado a límites íncreibles e intolerables, el escamoteo de las sensaciones y emociones, la confusión de la percepción, la demolición permanente de lo que hace digna la existencia, se convierte en un absurdo y nauseabundo delirio tecnocrático del cual no quisiéramos ser miembros. Es una pena su lectura tardía, pero no ha envejecido y raudo paso a recomendarla, asómense a la sima que describe que tras la rebelión propuesta les permitirá retornar renovados y con ganas de participar por lo “minus” en las campañas de Avaaz.

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10/07/2009

LIBROS: El Círculo Blum - una nueva mirada



Zuñiga, Lucho. El Círculo Blum. Lima: Borradores editores, 2007. 119 pp.

Sin duda, el mejor libro de 2007 publicado por un autor peruano menor de 30 años. Esta interesante aventura nos sitúa en la Lima de 2008 a través del espectacular viaje en el espacio y el tiempo del Círculo Blum, una sociedad secreta de escritores, llamada por uno de los personajes centrales: “logia literaria” o “el círculo del eclipse”, adoradores de un poema llamado “La escalera”. La intertextualidad de los textos es impresionante (“La escalera” [2007] es, en la vida real, un poemario de Lucho Zuñiga). “El círculo Blum” es una novela corta (intento darle un género) y, además, lo que yo llamaría: una “novela compuesta”, pues son cuatro los cuentos que la integran y que están contenidos dentro de la historia central que es la siguiente: Un extraño personaje, Ánton, anda en busca de un editor para su libro entablando así una interesante conversación con uno, cuya editorial sólo tiene un libro en su haber (fue el mismo caso de Borrador editores en la vida real.) Estos guiños con la realidad resultan deliciosos. Este texto no exige un “lector académico” como otros intentos literarios en nuestro medio, es una novela fresca, ágil, amena y la armonía, la perfecta sincronización y la prosa llana por momentos, y depurada por otros, logra efectos bastante apreciables. Estos intentos por lograr la fascinación del lector pueden verse eficazmente trabajados en el cuento más logrado del libro: “Los insectos”, donde la realidad queda supeditada al mero espacio reflexivo del patético protagonista de dicho fragmento. Pueden notarse algunas referencias a autores que han trabajado cuentos sobre sociedades secretas (y con esto podría abrirse paso a la señalización de un nuevo género literario, dejando de lado a los extranjeros, recordemos a los autores peruanos que han trabajado el tema: Julio R. Ribeyro, Carlos Orellana, Alfredo Pita.) pero sobre todo existe cierto estilo Kafkiano, cuando es realista, en ciertos instantes, y Dickiano (por el escritor de ciencia ficción Philip K. Dick) cuando resulta fantástico. ¿Cuál es la realidad y cuál la fantasía? Llegamos a partir de esta relación autoral a la siguiente premisa: la realidad es difusa, sólo podemos notarla en función a nuestras percepciones, pero lo que vemos a veces no esta ahí. Nosotros construimos la realidad al racionalizarla, pero ésta no existe. De un momento a otro podemos ser bromas de Dios, actores que representan un papel, meros instrumentos del destino, personajes de un texto escrito por alguien más, o simple y llanamente una ilusión. Podemos notar esta simetría entre lo real y fantástico en: “Un cuento de 500 palabras” donde un relato precisa escribir las quinientas palabras del título y al final logra parir un cuento de siete palabras, una ficción hiperbreve sumamente notable. Mención aparte merece la Cronología completa y totalmente verosímil que hace el autor con respecto a la estirpe Blum, un perfecto trabajo con las fechas y acontecimientos. El final de la novela es sorpresivo y estimulante, nos libera una sonrisa y una satisfacción inmensa por haber podido leerla. He decidido no adelantar nada del mismo para no arruinar el impacto pero quisiera lanzar al aire la siguiente premisa: Nada es lo que parece. Una edición impecable, lenguaje y diálogos correctos, una trama tan átipica como llamativa y una estructura bien trabajada son los elementos que hacen de este libro una auténtica joyita de la literatura peruana actual.

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9/23/2009

LIBROS: Almanaque Invasores de Marte



Almanaque Invasores de Marte
Invierno 2000
Edición al cuidado de Javier Calvo / 26 Octubre 2000
Reservoir Books – Grijalbo Mondadori / 252 pàginas / 23 cm X 15.3 cm
La carátula de Liniers posee la gracia horripilante y la atmósfera camp correspondiente a la visión que desean transmitir los antologadores, y más allá de su fealdad funcional y de su sombrío colorido deviene en apropiada, cargada de mensajes y premonitoria sobre los contenidos en un rango de certeza superior al promedio.
La mayoría de los relatos poseen un estilo desasido, despegado de la normalidad, en algún caso de un humor casi surreal, pero en general de una jocosidad espléndida. No obstante, cuando de cinco relatos de la sección Invasores de Marte (ciencia ficción) te gustan cuatro y con el postrero llegas a un desencuentro que sin embargo no te impide hallarle méritos, uno puede empezar a señalar la pertinencia de la crestomatía. Si pertinaces incursionamos en Historias con Monstruos (sección de terror) y todos te agradan, catalogando uno como notable y admitiendo el final fallido de otro pero aceptando que es absolutamente legible y disfrutable, sabes que le han metido mucho cariño a la selección, con lo cual reivindico la tarea de Javier Calvo… por lo menos queda dicho, que de ingratitudes está empedrado el camino de los géneros de CF y Terror.
Si agregamos que el humor y la desbocada imaginación que los colman puede facilitar pasar un trago amargo si nos descubren leyéndolos (para los vergonzantes que acuden a laborar con su libro de mano o de bolsillo) o justificar una incursión en el submundo de los géneros (de la que no desearíamos que se enteren nuestros vecin@s o amig@s intelectuales, que sólo leen mainstream convencidos que los subgéneros no contribuyen a revelar los secretos de la existencia), cuestionable por otr@s pero que nos permita declarar, aunque aún aturdidos y culpables, el porque de su peculiar atractivo.


Invasores de Marte: Las mutaciones del horror y la ciencia ficción: Javier Calvo: El prologo confiado a Javier Calvo parece empañar la recopilación, a momentos se siente que no lo merece (después al repasar la crestomatía comprendemos porque fue redactado así), y que debió encargarse de la misma alguien con más valentía y menos apego a lo correcto, pienso en Saurio por ejemplo, quien disfrutaría perpetrándolo con saña y humor. No obstante, queda la sensación de que la aproximación posee un indudable perfil vergonzante, ya que a esos subgéneros se les supone sin categoría cuando son analizados por los críticos del stablishment, pero que pese a esa constatación del canon intelectual se tornan fenómenos de masas, espectados por centimillones en el cine (aunque mucho menos en los libros, pero hay que medir y sumar) ¿Dónde radica la atracción? ¿Podremos explorarlos y aportar algo que sin abochornarnos nos permita gozar cual chanchos en su chiquero cuando los abordamos.
Reflexiono a vuelo de tecla: Quizás por eso la aproximación del ensayo empieza por un medio que se encontraba devaluado (recuerdo ese tópico que repetíamos en los 80’: “Los programas de TV deben aludir a una edad mental de cinco años, ya que l@s niñ@s son potenciales compradores y l@s adult@s no han superado esa edad mental”. Pero, a contrapelo, ha sido en la TV donde aparecen los síntomas, en la pantalla que disuelve el flujo histórico para armar un puzzle donde aparecen entremezclados los documentales científicos sobre el clima y las catástrofes ambientales, las extinciones de especies y la desaparición de ecosistemas con las familias disfuncionales, los guiones que recogen la multiplicidad de la realidad y los policiales con forenses y asesinos múltiples como protagonistas que adquieren una complejidad superior a cualquier intento anterior y entonces dimensiones insospechadas de solidaridad brotan como ocurre en Cold Case o se construyen atractivos personajes para nada “políticamente correctos” como en Dexter. Al referirse a mezclas es palmaria la evidencia del conecte con lo postmoderno, el kitsch, la multivariedad y la retroalimentación y nos prepara para la red de redes donde crear significa copiar-manchar-pegar-transmutar con el toque alquímico (Frankenstein mediante) de la propia contribución
Además, por encontrarse en el borde vivo de la búsqueda científica, la CF ha tendido a reflejar y a reflexionar sobre las implicancias de los descubrimientos o la aparición de nuevas teorías explicativas de la vida, la materia, la humanidad, en un ping pong retroalimentador que sólo en este género se produce, que nos allana la ruta hacia la aceptación de una realidad caótica y hasta con abundantes ideas claras mostradas en forma inteligible e inteligente. Basta revisar los innumerables aciertos que jalonan las páginas del género, a pesar de no ser ese su objetivo. Al igual que las espléndidas ideas que teje Calvo (el señalar mi discrepancia inicial por un enfoque próximo a pacato, no es óbice para destacarlas) como los mecanismos de autorreferencialidad: secuela, remake, reciclaje; o la evocación de Videodrome referida a la “mesa mezclas del creador de subproductos” y la multiplicidad ambigüa que carcome a los interlocutores cual obra de teatro con transferencia de personajes; fuera de bromas el artículo es excelente, lo que al final uno lamenta es que estando tan bien informado no luche con más ahínco por nuestros géneros de las entretelas, y así no quedarse con la argumentación recopilada y mejor demostrar que ese afán de seriedad de lo académico es ñoño y aburrido, aunque nos importa un bledo lo que piensen, ya que en la actualidad se la pasan trascendiendo nuestros géneros cuando en realidad los invaden y los saquean en nombre del sagrado mainstream.
Calvo es estimulante y divertido, erudito y autorreferencial (aplicando a si mismo las categorías con que analiza su material), que mejor reclamo para la cacería de monstruos podríamos pedir, no obstante engolosinado por el terror del écran olvida a ratos a la CF que ha seguido otro camino y como diría Mark Millar respecto al Iron Man de Civil War “similar pero distinto”.


La página pantalla: Eloy Fernández Porta: El cierre encomendado deviene en innecesario y lamentable, quiere ser más intelectual de lo expone y más críptico de lo que cree, con lo cual desluce cualquier idea novedosa pergeñada, como con frecuencia le ocurre a comentaristas que imitando a los críticos desean superar su material, creyendo que es tarea fácil (soy consciente de que me trago mi propia cabeza, pero tenía que decirlo).
Siendo Jarjacha la que albergará este texto, arranco con el orden establecido en el libro: I. Historias con Monstruos




El Retorno: Roberto Bolaño:
Leer sin esfuerzo, sin tensión neuronal aparente, deslizarse sobre el horror cual cadáver engrasado, con la necrofilia transmutada en elegante y ligera elección, sin aristas conmocionantes y cincelada con tanta suavidad como si las mariposas estampadas en una tela se desvanecieron en trémulos aleteos. Navegar por la consternación como superficie lubricada, y mantenerse apartado de lo esperado mientras flamea en alto el estandarte del interés -condimentado con la suficiente originalidad para sorprendernos, pero sin los alardes experimentales que rechazaríamos-, en algún momento recordé ese estilo fresco, desinhibido y documental de “Literatura nazi en América“y en simultánea la conciencia del autor que pule con igual empeño de joyero de la palabra (no por algo creó el movimiento poético infrarrealista), una novela que un relato, en una demostración palpable de responsabilidad y cariño por el oficio. Por si acaso, de lo que no queda es que las mujeres de ensueño son las traidoras de la vigilia.



Esto ocurrió: Andrés Ehrenhaus
Se inicia como un informe de avances de investigación pero se torna un catálogo de preocupaciones que oscilan entre la sospecha y un leve pánico. Cada cifra se refiere a un tema apenas reconocible pero que podemos intuir y develar: 1. Similitudes y diferencias en torno a los significados diversos de la amistad 2. Empiezan las fugas hacia lo innombrable 3. Distorsión leve del entorno, aunque reiterativa y abierta 4. Sorpresas o… confusiones en torno a un cocktail-party y teléfonos 5. Explicación con pulso de espanto, eso si narrada con emoción y dramatismo 6. Sobre la indeterminación y sus consecuencias, con brillo verde y beodez hambienta 7. Aparente retorno a la normalidad (es que un descanso entre tanta carcajada es necesario, no por que dejemos de reír sino por que nos retrotrae a lo manejable, a lo medible) Sarcástico hasta la desmesura, atrapa vuelo trepando por sus propias frases hasta lograr un cocktail como el de la fiesta donde coexisten la burla vestida de respeto y el detalle descriptivo como ironía eclipsada por el pavor, porque de que lo hay, lo hay, sólo que al estilo tamal, envuelto en capas de alegría 8. Desopilante seducción virtual o… fantasmal con nalgona que urge del bidet 9. Del desconcierto como aceptación del absurdo en medio de acontecimientos extraños 10. Frustraciones varias y conspiración de zombies 11. Happening probable de arte vivencial y falta de perspicacia 12. Atrapado sin remedio 13. De una cierta insensibilidad como tabla de salvación. Desternillante, la mandíbula duele al terminar, lo mejor es leerlo de una sentada.



Uno es lo que come: Guillem Martínez:
Va de vampiros, desde que pone el pie en el acelerador del relato trata de dotar a la familia de un aire de incomprensibilidad, de memoria fragmentada por dolorosa, y dispersa por la polvareda espesa que no se asienta temporalmente; los razonamientos vampíricos son confusos tal y como debe ser el proceso de pensamiento de tales seres marginales y lo consigue, tomando en cuenta su nutrición y lo que implica; a momentos tampoco yo sabía de que iba, pero eso si con la guía del título, que lo lleva pintado me ubicaba y me volvía a desternillar. Es verídico, en ocasiones el humor in crescendo nos obtura la garganta a risotadas, introduce los elementos jocosos a veces con un sopapo, en ocasiones con un quiebre, pero lo cierto es que no ahorra los motivos desternillantes, y de repente nos azota con una onda de amargor que para que lo pruebo, por ejemplo, el vástago no cree en el gran Secreto y constata que siempre comen morcillas y que su madre llora cuando cree que no la escucha. Es patético pero divertido como esos filmes indies USA (A Good Life), y dosificar la información en breves capítulos que sugieren pero no atosigan una adecuada manera para medrar en el pseudos misterio y prepararnos para la próxima risotada, y así como para “hijo” los datos encajan y adquieren sentido, asimismo para el lector las zonas oscuras que evito diligente para que no se agriaran las peripecias se articulan y echan a andar sin que cojera comprensiva las afecte. ¡… Ah!, y nos deja un regusto triste aunque nos haya acribillado a carcajadas, por un resquicio se cuele el recuerdo de “Aquí yace el wub” del maestro PK Dick y de algo no tuve duda reflexionando sobre la forma de recordar de “padre” y “madre”: los verdaderos españoles en la guerra civil fueron los republicanos.



Mamis Malas: Naief Yeyha
Desvergonzada y licenciosa, el título no dice todo, hay más, mucho más en la reproducción reiterada de lo producido en el equipo de TV y los métodos a que recurre para el éxito del programa, mezclado con humillación y vileza se encarama a la repulsión y al desmadre. Crítica devastadora a los “reality show”, pero a pesar de que desnudan a Televisa y en general a la TV azteca no me logro convencer del sendero elegido, hay unas líneas postreras que no funcionan, ya que han debido terminar no como avergonzados criminales sino como exitosos negociantes que logran vender una mercancía infame. Lástima que afloje al final, pudo ser redondo.



Historia con Monstruos: Rodrigo Fresán
Es la fresa que corona la copa de helado, sobre todo para quienes amamos el cine y en particular las películas de Stanley Kubrick. Basado en hechos “rigurosamente ciertos” como suele decirse, pero no por ello sus líneas se tropiezan con la insipidez ni son magras en imaginación. Emprende la singladura con un episodio cardíaco extremo mixturado con las reminiscencias de “La Mujer Escorpión”, el momento de concepción de su hijo y un fenómeno de feria y una frase que podría ser de Susan Sontag: “Una fotografía es un secreto sobre un secreto. Cuanto más te dice, menos sabes” y eso en los párrafos inaugurales. Se despliega multiforme devorando ciencia-ficción, filmografías y actuaciones nimbadas de sincronías y quizás casualidades. Fresán posee esa erudición fácil y refinada de quien ha leído en abundancia y bien, expresado en enunciados como: “Mucho antes de intercambiar dinero o mercancías, los hombres aprendieron a intercambiar historias. Las historias como forma invisible pero sólida de la riqueza”, lo cual de inmediato me llevó a evocar a Ivo Andric y su “Puente sobre el Drina” donde ambos bandos en pugna también se intercambian poemas, mujeres y canciones, revelando que la cultura es más importante para la historia que el dinero. T (el monstruo por tratamiento) parodia los telegramas cuando conversa, y el Diario de su madre, la actriz Talbot remeda sin disimulo las crónicas sentimentales pero con muy mala leche. Rescato más perlas para el bello collar con que nos adorna suave el relato:
“Hay algo en las mujeres disfuncionales que las vuelve irresistible… la capacidad que ellas tiene para destruir a los hombres sin sentirse responsables de los efectos de esa destrucción” o sobre envejecer: “la mayoría de las cosas que entonces nos parecen divertidas, con el tiempo se revelan, para siempre, como formas innegables de lo patético”; y hasta una que comparte la sibilina característica del uso temporal hereje que practican muchos cineastas y escritores latinoamericanos.
Y un final oscilando de lo expectante a lo esplendoroso, que tiende pseudópodos hacia otros tiempos y tentáculos hacia dimensiones alternativas como buen serial del género, e inundado de luminosa esperanza como para volverlo a vivir otra vez.
Respecto al enlace que edifica entre cine de ciencia-ficción y relato, podemos decir: ¡Que engarce tan ajustado! ¡Que bruñido tan rico en matices! Y siendo traslúcido como ala de mariposa, es musculoso como cuerpo de selacio. Sección aparte son los afiches de filmes que por si mismos ameritan una revisión pormenorizada, un análisis contextual, una síntesis sensible, un derramarse de vivencias, agregando encanto a la lectura.



II, Invasores de Marte



Sonata: Juan Abreu
A partir del petardeo germinal se inserta en la línea de los Horars de Gene Wolfe, en la demolición del belicismo de Harry Harrison o en la crítica antimilitarista de Joe Haldeman. Es hightech en la perspectiva burda, mecanoide y superficial que desintegra la carne y la humanidad. La situación social ha transitado al descalabro y al desorden violento, la ambiental ha derivado a la catástrofe. Las armas son se novísima generación: sólo disparan cuando hay reconocimiento por voz del usuario designado. Africa ha sido convertido en un continente de pruebas guerreras y su población exterminada. El protagonista que vive enfrentando recuerdos, evoca en especial dos: una playa prístina antes de la hecatombe, y una escena de una crudeza sexual inusual. Existe dependencia extrema de los clones de entretenimiento sexual, mientras juegan a ser consumidores responsables y los soldados perfectos fabricados por la corporación Disney o por las cofradías religiosas se dedican a la devastación inmisericorde. Reproduzco un enunciado: “arrasada y contaminada superficie terrestre. Flotaba sobre lo que fuera Perú”.
Cuando el combate se descarga podemos sentirlo vibrar espeluznante pero con perfil hermoso; horrísono y no obstante musical. Final triste que se muerde la cola, bien escrito y mejor resuelto, estructurado con imágenes poderosas y por instantes, brutales, con justificación y eficiencia. El contexto establecido para el desarrollo de los sucesos desborda el recipiente que intenta contenerlo, el relato deviene en la viñeta de un fresco extraordinario y vasto.



Estampida: Lázaro Covadlo
Tremendo pero sentía a ratos que con deleznable coherencia científica, y por el tema que asume (brecha generacional) la necesitaba, la lógica que lo anima flojea pero la pluma lo mantiene. Hay momentos en que la idea expuesta nos recuerda a “El Ultimo Recreo”, de Carlos Trillo & Horacio Altuna, y en su forma testimonial a “Diario de la Guerra del cerdo” de Adolfo Bioy Casares, argentinos indivisos. A pesar de esa debilidad, tanto la idea matriz como el propio relato funcionan, el uno reiteramos que por el buen oficio y la otra por ser bastante audaz y original. Me agrada la evolución del síndrome de disociación y abandono, con episodios intermitentes, cierres sublimes y comportamientos roñosos. El final, desgarrador e inclemente me gustaría para “La carretera” de Cormac McCarthy.



El Juego de los Mundos: Carlos Aira (fragmento de la novela)
El análisis de las correlaciones afectivo-emocionales de la familia ya apunta hacia una determinado método de abordaje, que se reproduce cuando expone el proceso mediante el cual la “Realidad Total” se reubica de juguete para millonarios a entretenimiento de masas. Rebotando entre la crueldad consciente y la indiferencia blanda reproduce ad nauseam por el universo los conflictos conyugales y de todo tipo característicos de l@s human@s, en otros tejidos reales. Y morando en ese contexto, cribados por la confusión perceptiva, la transformación corporal como moda, la erosión indetenible de roles y el derrumbe de valores, e inteligencias artificiales potentes y multidimensionales nos advierte que alcanzar la utopía puede ser demoledor, porque los problemas pueden desaparecer pero no el hastío, y a partir del esfuerzo de borrar ese sentimiento recalar en el sadismo metódico, y al no poder aplicarlo a nuestros congéneres por la conquista de la libertad proporcionada por la RT, llegamos a elegir a otras especies como recipientes de dolor, lo horripilante consiste entonces en que las civilizaciones a ser devastadas moran en algún punto de la multirealidad esgrimida por Everett y seguidores. En cierto modo ya ocurre con la extinción de decenas de miles de plantas y animales bajo el impacto de la catástrofe ambiental. Me recuerda a sendos relatos de Jerome Bixby (“Dirección única” y guiones de Star Trek) y Daniel Galouye (Mundo Simulado). Culmino señalando que es una delicia seguir la ruta trazada por el autor, veamos una muestra: “Considerada como una vida histórica, esa persona es cualquier cosa menos instantánea y accidental: es una construcción a largo plazo que puede ocupar una conciencia durante todo el lapso de la propia vida.




Cómo odiamos las despedidas: Jesús Llorente
Quiere ser una broma cruda y oscura a lo Stanislaw Lem, pero termina casi como un homenaje regurgitatorio, con dos personajes homónimos, y homosexuales donde el apellido de uno de ellos es un anagrama del personaje de los Relatos del Piloto Pirx. Con frecuencia sus disquisiciones no alcanzan a conmover, se vuelven dilatadas y los eventos no convencen, demasiados tics, ideas manidas, falsas premisas europeo-occidentales y ofuscaciones perimidas. Olvida que los tibetanos trepan los Himalayas por que es su hábitat y fue el “sherpa” Tensing quien subió al Everest arrastrando a Hill, que los polinesios fueron grandes navegantes y conquistaron el Pacífico y poblaron sus archipiélagos mucho antes que los europeos supieran separarse de la costa (véase una excelente explicación en Jared Diamond: “Armas, Gérmenes y Acero”) y así por el estilo. Sus sistemas de valores difieren de los europeos, ni mejor ni peor sólo distintos pero tan respetables como cualquier otro.


Más allá del rechazo ideológico que uno puede sentir por el relato posee algùn momento que reconcilia: “La increíble ansía de creer en lo imposible anida en el interior de la mayor parte de los seres humanos” y trasmite conceptos interesantes aunque invertidos en su lógica, verbigracia: Para los cristianos la existencia de otros seres inteligentes sería fatal (anoto que el Observatore Romano ha distinguido en varios artículos la multiplicidad de la vida, y por ende la existencia de ET, lo que no ha dejado claro es el papel que juega el sacrificio de Cristo), quizás por eso el que agoniza pide al que viaja que sean destruidao aquellos planetas donde aparezcan otros seres (¿genocidio por abandono?)


Si tuviera que renombrarlo a lo Woody Allen sería: “Intimidades y voyerismo… pero sin alcanzar a perturbarnos”, recurriendo a Joanna Russ: “Pareja en mundos paralelos… quiere ser trascendente pero no puede, y si el convocado fuese el estilo sociológico: “Dudas sobre la existencia de dios y sus consecuencias inesperadas para los viajeros”



Viaje a Gea: José Manuel Prieto
En Gea la visión de sus habitantes se puede sintetizar en: La vida como arte o el arte obturando los intersticios de la existencia, y de las obras integrales a que daría origen, así conectando el sistema educativo con educación por el arte convierte en verosímil su material y sugiere que la visión de Karl Marx se encarna en estos gaianos penetrados e invadidos por el afán artístico. También lo liga con las ondas de sueño, es una lástima que no prolongara las andanzas del nómada espacial, para que el final letal como un rayo fuera menos anonadante. Sin embargo tengo una queja mínima referida al manejo del relato, que tras un arranque soberbio, elige dos elipsis para culminarlo, una de ellas magnífica, que lo recortan de manera notable (es el relato más corto de la antología), pero en cierta forma también lo desmedulan.

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9/18/2009

Libros: Los Hijos de Anansi










Título Original: Anansi Boys
Neil Gaiman
Roca Editorial
2005






-A mi -le dijo- no me asusta nada.
-¿Nada?
-Nada.
-¿Te asusta muchismo nada? -le preguntó Gordo Charlie.
-Me da auténtico pavor -admitió el Dragón
-Pues ¿sabes? -replico Charlie-. Tengo los bolsillos llenos de nada. ¿Quieres verla?
-No -respondió el Dragón a regañadientes-. No tengo el menor deseo de verla.
Hubo un batir de alas -grandes como velas- y Charlie se quedó solo en la playa.
Esto -dijo- ha sido coser y cantar.



Fíjense que el mundo comenzó con una canción.


No, en serio, así comienza esta pieza de genio puro, con la canción que da inicio al mundo; y una vez que el mundo está en su sitio, y los personajes ubicados en sus respectivas esquinas, la historia puede comenzar.


Conectada solo por una cosa a American Gods, esta nueva novela de Neil Gaiman, el maestro tras esa deliciosa golosina en forma de cómic que es The Sandman, zarpa hacia costas extrañas para explorar más de ese fantástico universo donde hombres y dioses coexisten, donde ambos crean nuevas historias y realizan nuevas proezas para seguir dándole cuerda al mundo.


El señor Nancy –si, ese viejito que era el compinche de Wotan/Wednesday en la primera novela- se ha muerto, pero vamos, que no todos los días se muere un dios, y es que el señor Nancy era en realidad Anansi, el dios-araña tramposo, o mejor dicho trickster para ponernos exquisitos, de los pueblos africanos, señor de todos los relatos. Como que es un hombre de cuidado, ¿verdad? Pues fíjense que dejo familia, en la persona de sus hijos Gordo Charlie y Araña –Spider en el original en inglés-, y uno sabe demasiado bien quien y que era su padre, mientras que el otro no tiene ni idea de lo que ha heredado.


Y es que esta novela es en cierta forma, una historia sobre la familia como era The Sandman; sobre las cosas buenas y malas que esta conlleva y como, a pesar de todo, la sangre es más espesa que el agua. Pero claro está, no se limita solo a las vidas de Gordo Charlie y Spider y sus encuentros y desencuentros; en medio del lío están Rosie, la prometida de Charlie; el insoportable jefe de Charlie, Grahame Coats; Daisy, una policía de temer ante los pillos, y claro está, los habitantes del principio del mundo, ¿cómo que se complicó la cosa?; pero eso no es lo peor: muchos de ellos conservan el resentimiento ante las varias –y hasta sádicas, ¿qué creían?, ¿qué las historias son tal y como la Disney las cuenta?, ¿qué no se murió la madre de Bambi acaso?- formas en que Anansi se burló de ellos, y están más que dispuestos a saldar cuentas con su familia. Y como no, no falta una de esas maldades antiguas que ha esperado desde hace mucho, milenios o eones ya, para reclamar de vuelta lo que Anansi con su astucia e imaginación le quitó, y que le arrebató el domino que tenía sobre los humanos y los pueblos antes de nosotros. Algo que lo hacía implacable, terrible, letal.


A la vez, esta novela es una especie de comedia social picante a lo P. G. Woodehouse, un 

homenaje a los cartoons de Tex Avery en sus primeros tiempos, por no hablar que es una muy efectiva novela de terror, sin que le falte por ello humor o realismo. Sus personajes humanos son –me atrevería a decir- tetradimensionales, son personas que puedes perfectamente encontrarte en la calle, simplemente enfrentados ante situaciones extraordinarias o situaciones límite. Y vaya que tanto los buenos como los malos la van a pasar mal en esta novela, nadie va a salir entero del absurdo que va construyéndose en la novela, por ejemplo: ¿sabían que los pingüinos pueden ser una fuerza letal cuando se lo proponen?; ¿que solo nos encontramos con quinientas personas a lo largo de nuestra vida?, ¿o lo útil que es una anciana muerta vagando por el mundo? Por no hablar que se puede hacer magia antigua, oscura y sagrada con las cosas más mundanas. Si, todas estas sorpresas y más les esperan a quienes hinquen el diente a esta novela. Además, sus dioses sin ser absurdamente todopoderosos son creíbles, entrañables y hasta dan un poco de envidia, después de todo ¿quién no ha querido ser un dios una vez en su vida?. Además, tampoco la pasan muy bien ante las vendettas que sus viejos enemigos les tienen preparadas. Pero Anansi es más listo de lo que esperan, aún muerto se asegura que la gente se la lleve a lo grande en la vida, con mil y una trampas preparadas ante quien haga maldad. Después de todo, él a pesar de ser el Burlón entre los dioses, es también el justiciero, el amigo de los hombres, el Prometeo verbal del mundo que les asegura finales felices a quienes se los merecen, y si alguien va estar al timón del relato que estamos leyendo, tengan por seguro amigos lectores, que es el astuto señor Nancy en toda su humildad y astucia quien traza los senderos que cruza el lector. Anansi se asegurará que si algo malo va a pasar en esta novela, de minimizar los daños al máximo, y que los responsables del daño hecho paguen por los platos rotos; eso si, sus hijos tendrán que aprender sus lecciones de quienes son realmente, y cual es su lugar en el mundo antes de heredar su trono, pero…¿quién puede asegurar que Anansi esté muerto del todo? ¿Puede el deseo de contar historias, morir quizás?


Por no hablar que esta novela es una buena obra de fantasía, que nos muestra de forma sólida y convincente, como eso mágico e irreal toca nuestro mundo “normal” todos los días, y nos trae esa imaginación –más no esa inocencia que hemos perdido a cambio de la experiencia, y hasta la malicia- que creíamos perdida. Un nuevo éxito de uno de los autores mejor fundamentados en el campo de la fantasía y que aplasta pottereadas con la fuerza de un destacamento de elefantes cartagineses. En resumen un trabajo firme y delicioso ante el lector. 100% recomendado para los seguidores de Gaiman y de la buena fantasía urbana moderna en general. Sin redundar en detalles morbosos –pero por eso no menos terrorífica en sus imágenes de dolor, cual balazo entre los ojos-, ni dejarse llevar por los males de la novela ‘paranormal’ romántica actual –puesto que de haber finales felices los hay, más no acaramelados-, Los Hijos de Anansi es una obra que dará mucho que pensar a quien la lea sobre la sencillez, y a la vez, la complejidad de la naturaleza del mundo, como se enmaraña cual red de araña –si me perdonan la broma- y como se desteje con sencillez una vez que se analizan los hechos pausadamente. En resumen un libro para digerir con facilidad y a la vez para gozar con profundidad. Otro éxito asegurado del maestro Gaiman


Para más información sobre este libro, en este enlace:
http://www.threemonkeysonline.com/als/_neil_gaiman_anansi_boys_interview.html, hay una entrevista a Gaiman sobre sus intenciones a la hora de empezar a escribir esta novela, y en este otro: http://journal.neilgaiman.com/2006/08/hugo-words.html, una muestra de su humildad como escritor al declinar la nominación al Hugo del 2006 (y conste que ganó el del 2009 con la reciente El Libro del Cementerio de pronta publicación en español por Roca Editorial). Después de todo, aunque seas una superestella, no puedes dejar que el éxito se te suba a la cabeza o terminarás como Jacko (si, se que es una broma cruel, pero consuélense pensando que es el tipo de broma que el señor Nancy haría).


7/17/2009

LIBROS: El año de Drácula, por Kim Newman


El año de Drácula
Kim Newman
Timun Mas, 1992


Debo confesar, con toda humildad, que nunca antes había leído nada de lo publicado por la editorial Timun Mas. Tenía mis razones. Las principales, el no ver publicado en dicha casa editora a ningún autor "conocido"; y las referencias nada halagüeñas sobre la calidad del contenido de dichas obras. Pero la razón más importante consiste en el hecho de que la mayoría de títulos que he visto publicados por Timun Mas no son novelas independientes, sino que constituyen partes de sagas que además suelen entrecruzarse con otras sagas, y así ad infinitum... mi bolsillo difícilmente puede soportar la adquisición de trilogías.

La casualidad vino en mi favor. Tras visitar la casa de un amigo cuya biblioteca de ciencia ficción merecería de suyo un artículo, le solicité que me prestara "algo ligero" para leer. Y tuvo a bien prestarme "El año de Drácula" y su continuación, "El sanguinario Barón Rojo", novelas que, oh sorpresa, habían sido publicadas bajo el sello editorial Timun Mas.

Tal como me ocurrió a mi, supongo que las portadas de ambas novelas podrían inducir al eventual lector a creer que se encuentra ante una más de las tantas noveluchas sobre vampiros que se suelen encontrar. La portada de "El año de Drácula", por ejemplo, nos muestra un escudo de Inglaterra cuyos elementos han sido alterados dramáticamente: el león y el unicornio son vampiros, el dragón se come a San Jorge, etc. En la portada de la segunda novela, observamos a un vampiro de apariencia feroz surgiendo de una especie de vaina. Como para pasarse de largo, ¿no?

Pues bien, estos libros justifican aquello de "no juzgar por las apariencias". Son magníficos ejemplos de ucronías que, pese a contar con un trasfondo clásico de novela de horror -los vampiros- se inscriben perfectamente dentro del género de ciencia ficción.

"El año de Drácula" se basa en la siguiente premisa: el archienemigo del Conde Drácula, Abraham Van Helsing, no logra destruirlo. Antes bien, Drácula logra difundir el vampirismo en Inglaterra a tal punto, que los vampiros son reconocidos como súbditos ingleses, convirtiéndose el propio Drácula en príncipe consorte de la Reina Victoria.

Así, la historia de Inglaterra (y del mundo) es reescrita a partir de 1885. Muchos personajes de ficción de ese entonces también aparecen en esta novela, adaptando sus acciones al nuevo entorno vampírico. Están Fu-Manchú, el Dr. Jeckyll, el Dr. Moureau, el profesor Moriarty, así como personas "reales" como Oscar Wilde, H.G. Wells, el propio Bram Stoker y otros.

En sí, la trama de la novela se centra en los asesinatos cometidos por un criminal apodado en un principio "Cuchillo de plata", quien se dedica a asesinar vampiras prostitutas. ¿Le suena conocido? Pues si, se trata de Jack el Destripador, quien sigue cometiendo sus crímenes en Whitechapel. Pero ya no mata mortales (en la novela, se los llama "cálidos"), sino vampiras. Y el móvil de la acción es la investigación que efectúa el héroe (tiene que haberlo, incluso en esta realidad alternativa) Charles Beauregard a fin de descubrir al misterioso asesino.

Considero que ésta novela cae dentro del marco de la ciencia ficción antes que en el género de terror por varias razones. Una de ellas, que el vampirismo aparece como una condición adquirida antes que una maldición de matices religiosos. Por supuesto, no todos los aspectos de la condición vampírica han sido resueltos, pero se considera que la ciencia, encarnada en personajes como Charles Darwin y otros, lo hará algún día. La plata les hace daño, lo mismo que una estaca en el corazón, pero el temor a los crucifijos se considera una mera superstición entre los vampiros. De hecho, Drácula se casa con la reina Victoria en la abadía de Westminster. El hecho de que los vampiros no se reflejen en los espejos es también objeto de especulaciones científicas.

Lo mejor de la novela es que muestra una sociedad donde la convivencia entre humanos y vampiros resulta creíble, al punto que los vampiros, otrora considerados poderosos seres de la noche, no son inmunes a las taras, enfermedades y contrariedades económicas que aquejan a los "cálidos". Hay vampiros torpes que no saben transformarse en animales. Otros, pueden coger enfermedades según la víctima que muerdan, y es que no es lo mismo sangre de tipo A o B. Otros desarrollan extrañas modas basados en su condición de vampiros. El propio Drácula es comparado con otros vampiros, quienes lo consideran decadente y vulgar, además de ser un príncipe "que cuando estaba vivo, profesaba la religión católica", algo muy difícil de aceptar por los conservadores anglicanos, siempre recelosos de los "papistas". Una de las medidas dictadas por el otrora Conde es el empalamiento de homosexuales, entre los cuales se cuentan también a varios e influyentes vampiros. Imagínense, un vampiro cucufato.

Si bien la novela está ambientada en Inglaterra, seres de otras latitudes aparecen según convenga a la trama, revelándose la existencia de otros vampiros tanto o más antiguos que Drácula, quienes tienen sus propias ideas acerca de la política entre los no muertos.

El Londres compartido por cálidos y vampiros es un lugar fascinante, abigarrado y colorido, al mismo tiempo que miserable y putrefacto. La revolución industrial que convierte a Inglaterra en la primera potencia de su tiempo, también tiene lugar en esta ucronía vampírica. Londres se convierte en una ciudad que nunca duerme... literalmente hablando.

Si bien la novela privilegia la acción antes que la reflexión, definitivamente es, a mi juicio, más entretenida y creíble que "Entrevista con el vampiro", de Anne Rice. El vampirismo no convierte a las personas en criaturas todopoderosas, a menos, claro, que incluso de vivos hayan sido personajes influyentes. Tiene sentido. Un vampiro solo, es un monstruo. Muchos vampiros son una sociedad.

Un hecho a destacar, aunque meramente anecdótico, es la re-escritura del mito del pistolero norteamericano Billy Harrigan o Billy El Niño, "Billy The Kid", quien resulta ser un vampiro asesinado por un Patrick Garret armado con balas de plata. Me pregunto si un Carlos Marx vampiro aparecerá en alguna continuación de la saga.

El Conde Drácula, ahora Príncipe Consorte, no aparece como personaje sino al final de la novela, y el aspecto que tiene (al igual que los ambientes del palacio real) no dejan de ser una sorpresa. En esta entrevista concedida por los reyes a Charles Beauregard y Genevieve Dieudonné (protagonista además de otras novelas de la serie Warhammer, de la misma editorial), se decide el destino de Inglaterra.

Claro, la novela no es perfecta, hay momentos en los que la trama policial se convierte en burocrática, y los personajes no hacen más que ir de un lado a otro, creando situaciones un tanto confusas. Pero esto solo ocurre en pocos capítulos, dejando un gran resto de novela que se lee sin dificultad.

5/25/2009

LIBROS: La fiesta de la siega


La fiesta de la siega/Harvest home

Thomas Tryon (c) 1973
Grijalbo, 1975


En los años setenta, en el entonces Canal Cuatro (hoy América TV) de Perú, transmitieron una miniserie protagonizada por Bette Davis, miniserie que tenía un título por demás incitante: Pueblo embrujado. Bette Davis tenía el papel de la Viuda Fortune, quien aparecía de principio a fin dando órdenes y vigilándolo todo en el pueblo de marras. Si hubo una actriz destinada a dar vida a la Viuda Fortune, esa era Bette Davis.
Años después, gracias a la lectura casual del blog de Juan Carlos Planells, descubrí que aquella memorable miniserie estaba basada en una novela de terror de Thomas Tryon, y que existía una versión en castellano a cargo de Grijalbo. Y quiso la suerte que la consiguiese a la primera búsqueda en los puestos de libros usados del Jirón Camaná, en Lima.
La fiesta de la siega nos relata una historia casi arquetípica, la de los citadinos que deciden vivir en el campo y descubren lo que no deben, tras lo cual sufren un castigo. Es el esquema de muchas películas, como The hills have eyes, The wicker man y entre nosotros, Madeinusa, que pudo ser un gran thriller de no haberse perdido en evocaciones costumbristas. Pero Tryon se da maña para brindarnos la información en dosis muy bien medidas, de manera que el lector prácticamente vive las peripecias de los protagonistas, desde su primera y grata impresión en el pueblito campestre de Cornwall Woode (habitado por descendientes de colonos ingleses procedentes de Cornwall), cuya vida transcurre basada en los ciclos derivados del cultivo del maíz. El matrimonio Constantine, neoyorkinos abrumados por el stress de las grandes ciudades, con hija adolescente asmática y conflictiva, experimenta un renacimiento durante los primeros meses de su estadía en Cornwall Woode, ciudad que se presenta bucólica como ella sola. Comida natural, casa amplia y ventilada, electricidad, agua corriente, teléfono, buenos vecinos... y la generosa tutela de la Viuda Fortune, experta en remedios caseros y verdadera autoridad del pueblo, por encima incluso del alcalde y la policía.

Todo va muy bien. El marido, Ned Constantine, vuelve a pintar y su mujer habla de tener otro hijo en ese lugar maravilloso. Pero algunas cosas comienzan a inquietar a Ned. Primero, la constante referencia a un suicidio ocurrido hace mucho tiempo. Luego, la curiosa coincidencia entre este suceso y la realización de ciertas festividades costumbristas, aparentemente inofensivas, pero de un transfondo inquietante. Por que hay cosas que ningún hombre debe saber y ninguna mujer debe revelar.

Además, Ned Constantine llega a contactarse con algunos individuos que no están del todo felices de vivir en esa aparente arcadia que es Cornwall Woode. Está Worthy Pettinger, un muchacho que desea estudiar y no convertirse en campesino como sus antepasados, a quien no le agrada en lo más mínimo haber sido elegido como futuro Señor de la Cosecha, un cargo honorífico que implica su permanencia en el pueblo por más tiempo del que está dispuesto a soportar. Está el vagabundo Jack Stump, a quien se le ha prohibido deambular por una floresta cercana, y que será horriblemente mutilado por no respetar esa prohibición. Y por último, el inofensivo vecino ciego de Ned Constantine, un profesor de historia retirado que disfruta de versiones gramofónicas (recuerden que se trata de una novela de los setentas) de las novelas de Charles Dickens, que oculta más de un secreto.

En un angustiante crescendo que el lector comparte plenamente, Ned Constantine se integra cada vez más a la verdadera esencia de la vida del pueblo de Cornwall Woode, signada por un respeto reverencial hacia el maíz y su ciclo de crecimiento. Además, descubre que se encuentra próxima la realización de una festividad que sólo tiene lugar cada siete años: la fiesta de la siega, acontecimiento que moviliza a todo el pueblo, ya sea hombre, mujer, niño o anciano. Y pobre de aquel que no quiera aceptar su papel en esta festividad, o que se equivoque en el desempeño del rol que le corresponde. El inquisitivo temperamento de Ned Constantine lo lleva a hurgar en las memorias del pueblo, que no ha olvidado lo que ocurrió años atrás pero que lo interpreta de otra manera, interpretación que el protagonista no está dispuesto a aceptar. Sobre todo, por que al estar en posesión de ciertos conocimientos sobre la vida del pueblo, intuye que su vida y la de su familia corre un gran peligro, lo que lo forzará a actuar, aún a sabiendas de que tiene a todo el pueblo de Cornwall Woode, encabezado por la Viuda Fortune, en su contra.

No puedo dejar de lamentar el bajón que sufre la novela en el penúltimo capítulo debido al uso de un deus ex machina tan inverosímil y tirado de los pelos que nos hace pensar en un episodio de Scooby - Doo antes que en una novela de terror. Vamos, que por lo visto el autor no la tenía fácil para sacar a su héroe del apuro en que se hallaba, pero cuando uno piensa que ha podido darnos veintiocho capítulos llenos de suspenso sin fallar, pues este episodio nos hace pensar en las razones por las que La fiesta de la siega no se ha mantenido en las listas de las mejores novelas de terror no sobrenatural que suelen armarse de vez en cuando.
Empero, los dos capítulos finales compensan este traspiés, llegando a un clímax inolvidable en el que se revela -por fin- la espantosa realidad que subyace tras la aparentemente bucólica vida de Cornwall Woode. Nos hace pensar también en cuan diferentes podemos ser los hombres de las mujeres, y en los poderes que pueden ostentar las mismas... cosas que ningún hombre debe saber y ninguna mujer puede revelar.

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