3/28/2006

RESEÑA - Instrucciones Para un Viaje al Infierno

Doris Lessing (Rhodesia, 1921) es una connotada escritora tanto en la fantasía como en el Mainstream, con una dilatada bibliografía sobre la cual pueden averiguar más aquí. En el caso de la novela que me ocupa en esta circunstancia, está considerada por David Pringle dentro de su lista de las 100 mejores obras de Fantasía.

Instrucciones para un descenso al infierno, publicada en 1971, trata acerca de la particular experiencia de un hombre llamado Charles Watkins, quien aparece un día en una clínica psiquiatrica de Londres, presa de algo que podrìa ser un caso muy particular de esquizofrenia o de delirio.

La narración -que la autora define como una "ficción del espacio interior"- tiene tres actos o secciones bien definidas, aunque la autora no haga una digresión rigurosa al respecto: en una primera parte nos hace observadores y complices de las delirantes desventuras de Watkins en un viaje en circulos por la corriente del Atlántico al Mar de los Sargazos, tocando tierra en algo que el identifica como la costa de Brasil y que es sólo el inicio de otra travesía a través de ciudades abandonadas con habitantes antropomorfos y que ponen de relieve además de sus miedos y las falsedades detrás de él mismo (en los nombres de las mujeres a las que llama "brujas") además de la creencia en el descenso de un "cristal" de luz que habrá de llevarlo a la siguiente parte de su viaje, ascendiendo hacia la conciencia de una misión mayor.

Entonces, Lessing toma prestados elementos de Ciencia Ficción (los vigilantes desde el espacio, la raza de los "Dioses" que obedecen a un particular panteón) y de los clásicos griegos -Es casi notorio como, en ciertas partes toma prestado al concepto de las edades de Hesiodo, que van desde el supremo hombre de Oro al atormentado e inferior hombre de hierro y de Platón, que nos recuerda que las eternas almas olvidan al nacer y que debemos esforzarnos por recordar lo que eramos, a través de la Anamnesis- lo cual, dada la formación de Watkins como profesor de clásicos es un indicio bastante sólido en favor de un enfoque "científico" de su padecimiento.

Luego llegamos, como en el teatro griego, al juicio, que nos es dado fría y objetivamente, intercambiando las diversas visiones de las personas que conocieron a Charles Watkins (esposa, amante, admiradora, colega compañero de guerra) que comienzan a resonar como correlato de la propia alucinación de Watkins, lo grisaceo de la visión de su esposa, lo acendrado de la de su amante, la envidia de su colega, la admiración de otra persona son como el muestrario de retratos especulares que podemos encontrar incluso en nuestra propia vida, algo parecido al encuentro de vidas entre Paul y Leto Atreides en Hijos de Dune ("todos deberían ser capaces juzgar sus vidas de este modo").

Así, a través de ambos relatos y de los propios relatos de Watkins escribe sobre su vida, en especial el de su "aventura" en Yugoslavia es que obtenemos una imagen compleja y sólida del personaje del cual al final no sabemos realmente si es alguien con un padecimiento mental, un enviado de una entidad trascendente que ha olvidado todo o una persona cuya vida está caracterizada por la evasión (y con ello la creación de constructos ficticios y coherentes entre sí, es decir, la negación a ser lo que somos.)

Podría atreverme a decir que el pobre Watkins, al igual que el protagonista de El curso del Corazón de M John Harrison, sufre una Emergencia espiritual, pero temo que con eso eliminaría más de una posibilidad cierta y es que de eso se trata la novela, tal como Lessing declara en una post-data, al final, somos y vemos lo que particulamente nos hemos formado a ser y ver, somos una posibilidad concretada de entre una enorme cantidad (de allí el término que el maestro Lem acuñó: Milagros Termodinámicos) y por lo tanto, la mente es la expresión de esa incertidumbre, siendo la locura sólo un medio de expresarla.

Recomendable para las personas con inquietudes filosoficas y para quienes no se conforman con las respuestas fáciles.
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3/27/2006

China Mieville. El Mapa de Bas-Lag.

China Mieville (Norwich, 1972- ) es uno de los actuales exponentes de la corriente del "New Weird", una vena de la fantasía que homenajea el trabajo de autores tales como H.P. Lovecraft por crear obras que sean todo menos convencionales. Ha estudiado antropología, política y lenguaje llegando a graduarse con honores en esos campos, y se ha declarado abiertamente socialista en esta era de neoliberalismo, llegando a postular por el Partido Socialista de los Trabajadores en 2001 sin éxito.

Y vaya que si sus trabajos sobre el mundo ¿fantástico? de Bas-Lag lo son.

Bas-Lag bien puede ser un mundo de fantasía como cualquiera, una colonia interestelar perdida donde se ha redescubierto la magia o un mundo futuro a lo Viriconium donde la frontera entre magia y ciencia se ha perdido. No importa cual eligan: todas esas definiciones hasta donde se sabe son válidas.

Pero olvídense de elfos y orcos. Aquí vive cualquier otro tipo de cosas.

La historia conocida de Bas-Lag se remonta a 2000 años atrás con la llegada de una nave espacial tripulada por la especie conocida como los Espectrocéfalos, quienes poseían una tecnología de control probabilístico bastante avanzada, y que emplearon para esclavizar a los varios no-humanos y humanos que encontraron en ese mundo. Solo a través de medios monstruosos que no nos son descritos, los Espectrocéfalos fueron vencidos.

La principal protagonista de las tres novelas que describen Bas-Lag (La Estación de la Calle Perdido, La Cicatriz y El Consejo de Hierro, todas publicadas en español por la Factoría de Ideas) es la metrópolis de Nueva Crobuzon, descrita con cariño y cuidado por el autor en la primera novela, mencionada apenas solo en la segunda y destruida en la tercera.

En Nueva Crobuzon vive todo tipo de especies, desde humildes "xenianos" mortales como las Khepri (humanoides con cabeza de escarabajo) o los Vodyanoi (mezcla de humanos y sapos con cierto poder sobre el agua) hasta dioses como La Tejedora (una especie de araña divina bien loca pero a veces demasiado cuerda). Los políticos cierran tratos con horrores lovecraftianos como los Manecros (manos con poderes que parasitan un cuerpo) y negocian habilmente con...los demonios del mismísmo Infierno. Interesante, ¿verdad?


La Estación de la Calle Perdido (2000) se puede leer como novela de aventuras, pero créanme, leer a Mieville es subersivo. Uno nunca termina siendo el mismo. Narra las desventuras (que bien podrían ser del s. XIX) del estudioso Isaac Dan der Grimmnebulin, un estudiante en la universidad de Nueva Crobuzon al cual un garuda, un ser-ave caido en desgracia le pide una cosa muy simple: que le ayude a volver a volar. Yagahrek -que así se llama la criatura- ha deshonrado a su pueblo, que vive en el Cymek, un desierto a mucha distancia de Nueva Crobuzon y ha recorrido más de tres mil kilómetros en busca de un científico obsesionado con la teoría del vuelo como Isaac. Mientras tanto, la novia de Isaac, la khepri Lin, disfruta de un relativo éxito en los barrios bajos de la ciudad con su carrera de escultora de esputo, pero un mafioso bastante peculiar llamado Motley la contratará para que haga su retrato...

...y la trama va de mal en apocalíptico, porque un cargamento biológico de alto riesgo que debía ser eliminado cae en las ingenuas manos de Isaac y desata una plaga de horror a la que ni los mismos sueños de la ciudad escaparán.

Muchos de los "héroes" de esta novela serán detenidos por el represivo gobierno del alcalde Bentham Rudgutter, muchos morirán, muchos experimentarán destinos peores que la muerte y lo peor es que todas sus contribuciones serán olvidadas, así que olvídense de los "héroes" en el sentido convencional de las novelas de fantasía.

A lo largo de sus más de 600 páginas se describen tecnologías y sociedades alternativas (por ejemplo, la sociedad garuda es descirta como una anarquía funcional); se da un tratamiento científico a la magia (por ejemplo la disciplina de la "biotaumatúrgia"); un sin fin de seres cada cual más raro que el anterior, coexistiendo en una ciudad que debería el el pináculo de la civilización pero que sin embargo es una cultura imperialista, capitalista y semifacista en la que se refleja y denuncia el estado mundial de nuestra política. Se describen guerras que llegan a destrozar la realidad y crear abominaciones, guerras que son por gusto, tal como en nuestro mundo real (el trasfondo de Irak y la guerra atómica son más que obvios). Y hay una trama que no deja un solo minuto de respiro al lector. Los personajes, más que guerreros bárbaros, amazonas o reyes hechiceros, son personajes comunes y corrientes que solo quieren vivir y dejar vivir, pero que son aplastados en algunso casos literalmente por el mundo brutal en el que viven. Sus "poderes" mágicos son uno más del montón y no son de mucha ayuda y dificilmente ganan sus peleas con las justas y a veces su poder (como lo descubren los Manecros a la manera dura) no les sirven de nada. En resumen es una novela que apunta más hacia un enfoque humanista de la fantasía.



En lo que podría ser tangencialmente la continuación, La Cicatriz (2002), Bellis Gelvino, una amiga de Isaac, después de los eventos de la primera novela, tiene que huir de Nueva Crobuzon -al estar en la "lista negra" de asociados de Isaac- hacia una de sus colonias isleñas donde la ley tarda en llegar. Pero su tranquilo paseo por mar se vera envuelto en misteriosas conspiraciones dirigidas por el enigmático Silas Fennec y luego en un plan para cambiar la estructura misma de la realidad, dirigido por la nación-pirata de Armada. Como la anterior novela, el protagonista es mas bien el mundo de Bas-Lag y sus fascinantes naciones, costumbres y tecnologías "magicas", pero eso no significa que se le quite preponderancia a los personajes de esta; y es que, seres tan únicos como los humanos automutilados que son los Amantes, la estudiosa de lenguas que es Bellis, el rehecho Tanner Sack que encuentra la libertad en armada, el científico anophelii Kruach Aum o el viajero del Alto Cromlech, Uther Doul son de por si personajes fascinantes y con su encanto.

En esta novela uno puede encontrar ideas tan locas como la fauna "transplanar", que no se limita a existir en un solo universo, un arma tan letal como la posible espada que ataca desde todos los angulos donde es posible que haya existido, artes tan grotescas como las armaduras costra, gobiernos tan exóticos como la Brujocracia (o como ellos prefieren llamarse: Shud zar Myrion zar Koni) y mucho más. Pero también es una obra sería a nivel literario mainstream, que trata sobre las posiblidades que dejamos atras y como si queremos cumplirlas debemos realizarlas por nosotros mismos, sobre la soledad y el complemento en el otro.

De la tercera, El Consejo de Hierro (2004), desgraciadamente no les puedo hablar porque no ha llegado a Perú, pero apenas la tenga en mis manos, la comentaré; se los prometo. Por ahora los dejo con estas direcciones:

http://runagate-rampant.netfirms.com -la página no oficial de China Mieville basada en el diario ficticio El Renegado Rampante, creado por el autor para La Estación de la Calle Perdido (en inglés).

www.panmacmillan/Features/China -la página oficial del autor, desactualizada desde 2002 (en inglés).

www.revistacuasar.com.ar -donde encontrarán en español, un ensayo de Mieville sobre las 50 obras de CF y fantasía que un buen socialista debe leer.

http://en.wikipedia.org/wiki/China -la suma de todo el conocimiento sobre Bas-Lag que wikipedia tiene (en inglés)

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3/21/2006

CINE/ANIME - El Castillo Andante de Howl (2005)

¡Hasta que al fin la vi!, bueno, aca va el primer comentario audiovisual del año



Hayao Miyazaki (Tokyo,1941) y Studio Ghibli son Iconos fundamentales de la animación japonesa, brindándonos obras de arte plenas de significado, contenido y novedad, en la que podemos encontrar elementos fantasticos que, organizados en historias dramáticas -aunque no por ello desprovistas de esperanza-nos brindan mensajes muy humanos y que siempre tienen que ver con lo ecológico y con la proverbial virtud de la inocencia.

El castillo andante de Howl (Howl no Ugoku Shiro, 2004), esta vez basado en una historia de la escritora Inglesa Diana Wynne Jones es la nueva incursión de Miyzaki en la pantalla grande desde la extraordinaria El Secuestro Divino de Sen y Chihiro (Sen to Chihiro no Kamikakushi, 2002) en la cual nos da otra muestra de su talento, apreciado no sólo por los aficionados al anime.

La historia, como es común en los filmes de Miyazaki, se inicia con una joven heroina que se encuentra con lo inesperado en el momento menos pensado, la joven Sophie Hatter (de hat, sombrero) vive una vida ordinaria como confeccionista de sombreros, negocio que heredó de su padre, mientras su madre trabaja en una tienda de chocolates. Alrededor de ella, su nación se prepara para la guerra, la cual no pasa de ser una noticia lejana a pesar de su encarnizamiento.

Una tarde se encuentra, sin saberlo con Howl, quien está escapando de misteriosos seres mágicos, siendo este es el inicio de sus desventuras que la llevan a ser hechizada por la bruja del desierto, convirtiéndose en una vieja de 90 años y sentir el peso de la edad, lo que la hace escapar de su vida anterior, tomando a su cargo la limpieza del Castillo -literalmente- Andante de Howl; que, como suele pasar en los castillos mágicos- está poblado por su propio grupo de personajes auxiliares: Calcifer, un demonio sometido por Howl, que es la fuerza motriz del castillo, Markl, asistente de Howl, un misterioso espantapájaros y el mismo Howl, quien se ausenta deliberadamente del castillo por largas jornadas.

Aquí Miyazaki nos introduce a las complejidades de la vida, bajo la premisa básica que la llegada de lo inesperado produce en las vidas de las personas, Sophie lleva a cuestas la carga de la vida de una vieja, pero además la carga de no querer ser lo que es, cambiando su apariencia de acuerdo a su particular estado anímico, lo que se delata con una frase lapidaria: "a fin de cuentas, los viejos tenemos poco que perder." Y es que, Miyazaki, quien se confiesa pesimista, es un experto en jugar con los contrastes y las sombras de gris que hay en la psicología humana. Lo cual se hace notorio en la transformación que sufre Sophie, de una vida estable y sin sobresaltos -y por ende aburrida- a una aventura constante, en la cual no sólo depende de ella misma, sino también vela por otros (resulta entre irónico y encomiable como toma a su cargo a la bruja del desierto, quien la hechizó cuando esta cae en desgracia, máxime trás la confesión de esta de haberlo hecho para robarle su juventud.)

Además, es importante considerar la relación que se establece entre Sophie y Howl, quien carga con el peso de sus propios inenarrables secretos, pero encuentra en Sophie un apoyo a partir del cual orientar su vida, Sophie se vuelve su (parafraseando a Jim Peterik) último lugar seguro, con lo cual el mismo Howl, quien no es capaz de perdonarse por ser como es, encuentra una razón para seguir adelante (es típico en la cosmovisión japonesa esa idea, que se resume en aforismos como el descanso del guerrero o la funda de la espada, esto es, que el destino de uno se completa cuando encuentra a alguien a quien servir, proteger y con quien compartir)Miyazaki nos pone el mensaje claro: Sólo el amar (notése, el amar, no el amor) nos vuelve seres enteros.


En el apartado gráfico, la obra es Soberbia, la animación computarizada de los movimientos del castillo de Howl contrastan con el enorme cuidado en la ambientación de las ciudades -con un cierto tono entre bárroco y modernista- y las máquinas de guerra, que parecen sacadas de obras de Julio Verne y con un manejo muy vívido de la luz y el color, inundando la pantalla con colores vivos e intensos contrastes (en especial en las escenas de guerra) y con imágenes que fluyen en un ritmo trepidante. A lo cual se suma el notable -como siempre- trabajo de Jo Hisaishi en la musicalización.

En resumen, una obra notable y digna de toda atención, por su magnífico grfismo así como por su historia cautivante que nos habla de la soledad y el amor, la esperanza, y el deseo de vivir, la búsqueda de la paz y la afirmación del individuo y sobre todo de la búsqueda de uno mismo y de como podremos crecer, simplemente por dejarnos llevar por las alas del asombro, más allá de lo simple, consabido y cotidiano.



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Gente menuda


Gente menuda
(Little people)

John Christopher
Editorial Bruguera S.A.
Barcelona, 1978


Vaya por Dios, ¿a qué enemigo de los libros puede ocurrírsele una portada más ridícula que la de esta edición de Bruguera? Parece la de un cuento monse para niños, de esos que nadie lee ni soporta que su papi le cuente al acostarse. Conscientes de semejante desaguisado, parece que los editores colocaron eso de “FANTASIA PARA ADULTOS” debajo del título. Caray, con poner una casa de muñecas en blanco y negro hubieran logrado un producto más digno.

Y es que no se trata de una historia para niños. Es una (fallida) historia de horror ambientada en Inglaterra e Irlanda, en la cual la humanidad tendrá un encuentro con seres que aparentemente pertenecían a la leyenda. Un grupo de personas confluye en una residencia situada en alguna región apartada de Irlanda, cuyo propietario ha fallecido recientemente. Circulan leyendas acerca de duendes y hadas en la región, lo cual no es novedad en un país como Irlanda… hasta que, efectivamente, aparece la “gente menuda” (que espantosa traducción para “little people”) del título, con la consiguiente conmoción de los racionales seres humanos que los encuentran. Las criaturas son como seres humanos en miniatura, de unos 30 centímetros (como la estatuilla del Oscar), y que guardan una proporción casi perfecta respecto al cuerpo de un humano “normal”. Hablan alemán (!) y son siete…

Lo malo es que tan interesantes premisas son destrozadas por el autor, quien parece haber sido atacado por el virus de la “literatura en serio”, pues se dedica a contarnos más cosas acerca de las opiniones y conflictos entre los personajes humanos (un marido dominado por su mujer, una chica ninfómana, una ama de llaves supersticiosa, los infaltables norteamericanos vulgares y codiciosos) que lo que ocurre con la gente menuda. Así, el libro puede dividirse en tres partes: presentación de los personajes humanos (cerca de ochenta largas páginas que casi me hacen abandonar el libro), encuentro con los seres pequeños (vale la pena soplarse el resto tan solo por esta parte, que resume lo que cualquier novela o cuento de horror debe contener, en sus dosis correctas) y lo que pasó después, que es francamente olvidable (los humanos se casan, o se divorcian, o se pelean, o se amistan).

Rebasada al fin la insufrible primera parte (arribo a la finca irlandesa, vagabundeos por el lugar y mucho bla-bla-bla), encontramos a nuestros protagonistas intrigados por la existencia de una detallada casa de muñecas en las habitaciones del fallecido propietario, por demás individuo de extrañas costumbres. A ello se suman las fugaces visiones de seres extraños, que nadie quiere reconocer como reales. La paulatina desaparición de ciertas provisiones de la despensa del albergue sirve como excusa para una incursión nocturna, con la idea de acabar con los autores de los latrocinios, posiblemente ratas o ratones. Pero para sorpresa de los humanos, lo que encontraran es a una pequeña mujer de treinta centímetros, vestida de verde (como los duendes de la tradición irlandesa) y de aspecto inteligente. Luego descubrimos que la pequeña se llama Greta y habla alemán, lo que lleva al científico del grupo a especular que su origen podría ser el resultado de experimentos en citología realizados por científicos nazis, obsesionados con prolongar la vida de Adolfo Hitler, quienes por supuesto no lo lograron. Sin embargo, parece ser que hicieron otros interesantes descubrimientos. Greta no está sola, tiene seis compañeros más, otra mujer y cinco varones. El grupo es acomodado en la casa de muñecas, lugar que dan señales de reconocer.

Pero hay muchas otras cosas raras (además de su tamaño y origen) en torno a esta gente menuda. Sus espaldas tienen rastros de latigazos. Si bien demuestran ser inteligentes, carecen de toda curiosidad respecto a su entorno. Una de ellas incluso revela que alguna vez fue utilizada con propósitos sexuales por parte de su antiguo tutor, a quien llaman “El Grande”. Y siguen otras revelaciones, que transforman el inicialmente prometedor encuentro (los intereses de los humanos van de la notoriedad científica a la explotación circense) en el descubrimiento de una realidad bastante grotesca. La gente menuda tiene sus propias ideas.

Lamentablemente, el autor vuelve a poner a los humanos y sus insulsas personalidades en primer plano, en una desconcertante tercera parte en la que la gente menuda hace una última y breve aparición-desaparición, para que las personas se dediquen a planificar su futuro, acomodar sus muebles, prometerse en matrimonio y cosas así. Pareciera que el autor desconfiara de la seriedad de su argumento, o lo estaban apurando los editores (pensar que John Christopher es autor de un clásico de la ciencia ficción, “La muerte de la hierba”), y no se le ocurrió otra cosa que endilgarnos personajes pretenciosamente complejos y “realistas”, como si al lector le interesara encontrar eso en una novela sobre duendes. Olvidados los duendes, tanto por el autor como por los demás personajes, la novela termina, dejándonos un amargo sabor a decepción en la boca, pensando en la magnífica novela de horror, de humor o lo que sea que pudo ser y que no fue.

Si por “adulto” debemos entender un cuadro estereotipado de las flaquezas y mezquindades humanas, me quedo con “Blanca Nieves y los siete enanos” de Walt Disney, canción incluida.

Daniel Salvo

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3/02/2006

RESEÑA - American Gods o reinventando la mitología


Todo lo que escribe Neil Gaiman (1960, Hampshire) es oro. Comenzó su carrera como periodista haciendo libros sobre Duran Duran y Douglas Adams (el creador de la saga de La Guía del Autoestopista Galáctico). El afamado Alan Moore le pidió en los '80 que continuara por él, el comic de Miracleman, una especie de homenaje al Superman naive de los '50 y '60 y al Capitán Marvel original. De ahí comenzó una existosa carrera como creador multifacético. Desde publicar excelentes -y exitosas- novelas de fantasía como Buenas Profecías (junto a Terry Pratchett) o Coraline; crear series de televisión como Neverwhere (que pasaría a ser novelizada por el mismo Gaiman); escribir la serie de comics adultos más exitosa de todos los tiempos: The Sandman, donde narraba la vida y milagros del Señor del Sueño, Morfeo y su familia, los Eternos, pero era más una novela donde cada personaje encontraba su propia voz y estaba retratado de una manera muy rica o humana, ya fuese dios, demonio, humano o inmortal. Con esa serie se hizo de respeto a nivel mundial y ganador de múltiples preimos tanto fuera como dentro del mundo del comic, confirmando su talento.

Gracias a la colección Brainstorming de Norma Editorial podemos disfrutar ahora de su novela ganadora del premio Hugo (el Oscar de la ciencia-ficción) American Gods (2001). ¿De que trata?, preguntarán. De muchas cosas, de la vida misma, pero unidas por un hilo común: los Dioses.

Nótese que he dicho Dioses con mayúsculas. Hablo de los Dioses de la anitguedad: Zeus, Odin, Kali, Anansi, Eostra, Ganesh, etc. De los dioses por los cuales han surgido y muerto civilizaciones enteras; por los que se han creado imperios; por los que la cultura en general es como es. Por el concepto mismo de fé.

Un convicto cualquiera llamado Sombra, en una carcel sin nombre en alguna parte de los USA, tiene todas las de ganar: es su último día en la carcel, su esposa Laura y su mejor amigo van a recogerlo para celebrar su libertad, una nueva vida le espera...pero ambos mueren en un accidente de tránsito y se queda sin nadie en el mundo y sin recursos. Afortunadamente (¿o por acción del Destino?) es acogido por un viejo estafador llamado Wednesday, cuyo nombre es mucho más de lo que significa, y que una vez fue un Dios.

Resulta que América ha sido el punto de encuentro de todas las civilizaciones antiguas de la historia (créanme, el comentario de Mr. Ibis de como los egipcios llegaron ahí, merece la pena) y a lo largo de los siglos, sus dioses han sido dejados como recuerdos o desechos, de modo que ahora...están atrapados ahí sin medios para escapar ni seguidores que crean en ellos. Porque algo en lo que Gaiman insiste a lo largo de la novela es que para ser un Dios, alguien, en alguna parte debe tener fé en ti. Probablemente esta idea le vino a Gaiman de sus años de juventud cuando estudiaba religión, especialemente textos apócrifos tanto del judaismo como del cristianismo, pero ya estaba presente en The Sandman (un dios babilonio llamado Pharamond dirige una empresa de viajes multiversal, Lucifer se ha retirado a ser el dueño de un bar, Ishtar es una estrella del strip-tease).

Pero volviendo a la idea base del mundo de la novela: si no hay nadie que te recuerde, que crea que podrás realizar algo por el o ella con tu poder, eres menos que nada en este extraño y fascinante mundo de los Dioses viviendo entre los americanos modernos (el episodio del efrit taxista es para matarse de la risa). Y eso no es lo peor. En la mente de los americanos han surgido nuevos Dioses, los dioses del consumo, de la internet, de los medios de comunicacion, de las nuevas tecnologías, etc. Y estos Nuevos Dioses no ven con muy buenos ojos la competencia, de hecho, a lo largo de la novela están planeando un tipo de "Solución Final" para eliminar la competencia, dirigidos por los enigmáticos Señores Mundo y Ciudad, quienes no son lo que aparentan, y juegan un juego a tres bandos.

A lo largo del recorido de Sombra y Wednesday por America y sus gentes, se encontrarán con todo tipo de dioses, desde el sombrío dios de la oscuridad Chernobog al efusivo señor Nancy, de la parca Mama-Ji, a los enterradores de dioses Ibis y Jacquel. Habrá magia, y una moneda muy especial que se niega a desaparecer y que trae de vuelta a Laura de los muertos...más como un Zombi que como un fantasma. Y claro, habrá una terrible batalla final entre los bandos en disputa, en el que el destino del alma de América este en juego, pero cuyo resultado será totalmente imprevisto para TODOS los bandos interesados.

Y claro está, la novela tiene misterio: ¿por qué de todoas las personas, Wednesday eligió a Sombra? ¿Como es que Sombra tiene sangre divina? ¿Por qué Laura ha vuelto? ¿Quiénes son el Hombre Bufalo y las Aves del Tureno que se manifiestan en los sueños de Sombra y que papel han de cumplir? ¿Qué oculta una supuesta persona ordinaria como el señor Hinzelmann?

Aunque la escritura de Gaiman es floja por momentos, el rico y variado mundo que te propone sostiene la narración. Los personajes "humanos" como Samantha Cuervo Negro y el oficial Chad Mulligan son tridimensionales, y la intriga y giros de tuerca que Gaiman te propone a cada momento te mantienen ávido por la lectura.

De hecho hay una secuela: Anansi Boys (2005), que narra la muerte del señor Nancy y como sus dos hijos deben aprender a vivir con su herencia, y que esperemos ver próximamamente publicada en Brainstorming (además de terminar de publicar la Altísima Trilogía de James Morrow y dejar de publicar novelas de Greg Rucka que no tienen nada que ver ahí).

Como comentario final les dejo las palabras del Hombre Bufalo a Sombra: "Solo tienes que creer"

Dicho esto, disfruten la novela.




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1/17/2006

RESEÑA - Neverwhere

Neil Gaiman es uno de los mas laureados escritores de Fantasía de la actualidad, saltando a la fama por ser el guionista de la aclamada serie de Comics The Sandman, Gaiman ha sabido consolidarse en este género como un creador de historias que tocan al lector y que tienen un ritmo bastante bien administrado.

Neverhere, recreación literaria de la miniserie emitida en la BBC en 1996- cuyo guión fue escrito por Gaiman- representa su primera aventura literaria en solitario y nos sumerge, introduciéndonos de a pocos, en un mundo alterno: una Londres subterránea, donde la magia existe y junto con esta, una plétora de seres de diversas características y habilidades y que parecen estar relacionados con la misma constitución de la ciudad (por ejemplo: el angel Islington, las oscuridad del puente de Londres, entre otras)

Gaiman va más allá, al afirmar que estos mundos subterráneos coexisten en paralelo con todas las grandes ciudades, cada una con su propia Bête noire. Que aguarda, acechante, en su propio dedálico laberinto.

El protagónista de esta historia, Richard Mayhew, es un joven londinense que pasa por el estereotipo del Yuppie con una vida aburrida y rutinaria que se ve alterada cuando una joven herida -llamada puerta- literalmente aparece frente a él.

Este es el inicio de la aventura -y las penurias- de Richard que deberá acostumbrarse a "desaparecer" del mundo al que se había acostumbrado a duras penas (siendo de otra ciudad) buscando a Puerta y su protector, El marqués de Carabas -que, como sospechan, se ve como un gato con botas- y ayudándolos, junto con otra extraña habitante del mundo subterráneo, la llamada Cazadora, en un viaje para averiguar quien asesinó a su familia mientras escapa de los siniestros Croup y Vandemar, soberbios asesinos a sueldo del bajo mundo.

Por lo demás, la novela es una lectura bastante ágil y atractiva, con personajes entrañables (como el marqués o los habitantes de las alcantarillas) en una ambientación donde la rutilante modernidad de lugares como Harrod's contrastan con personajes cuya construcción recuerda a los habitantes de las villas industriales de Manchester de los que Dickens habló tanto o de los míseros remanentes de la sociedad del Londres medieval, sumado esto a los seres propiamente sobrenaturales, como la bestia del laberinto de londres, el ángel Islington, las ratas doradas o la familia de las siete hermanas Serpentine.

En lo que no llega a cuajar del todo la novela es en la construcción del protagónista, Gaiman logra meternos efectivamente dentro de los complejos y complicaciones de su vida diaria, pero, una vez inserto en el mundo subterráneo no consigue involucrarnos con él. Usando su viaje más bien como una excusa para presentar la desopilante diversidad de este mundo y sus pequeños consensos y reglas no escritas. Lo que si logra es una buena cuota de entretenimiento en el proceso, con lo cual nos podemos dar por conformes.



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1/04/2006

RESEÑA - El curso del Corazón

Esta debía ser la última reseña del 2005, pero por razones de fuerza mayor la posteo recién hoy, mil disculpas y que este 2006 sea un buen año para todos :)
Portada de El curso del Corazón
Michael John Harrison (Londres, 1945) es un autor de fantasía de los reconocidamente "díficiles" por causa de lo compleja que resulta la construcción de sus obras, en mi caso es la segunda novela que leo de él, después de Luz (2002) y me he llevado una agradable sorpresa al leerla.

Esta novela, escrita en 1990, es de acuerdo al propio autor (según esta entrevista) como uno de los proyectos que le ha dado más grandes satisfacciones, tomándole seis años el terminarlo. Está enmarcada dentro del sub-género que podríamos llamar Fantasía Adulta, tanto por lo complejo de su narración como por la temática abordada.

La historia se centra en las desventuras de cuatro personajes, causadas por un ritual mágico hecho cuando estudiaban en Cambridge. Este ritual, dirigido por el personaje llamado Yaxley, pretende abrir la puerta al corazón (o coeur), escencia del pléroma (venido de la noción de plenitud, es decir, unión con la totalidad) gnóstico.

Vale la pena hacer mención, llegados a este punto, acerca de las particulares concepciones del universo de los gnósticos, que introducen el error como parte de la creación. Esto es, al universo sensible (percibido) es parte de un error, un universo creado por sólo una mitad de Dios, la Ennoia, o Shekinah para los cabalistas, entonces, el regreso de la unidad, la unión entre ambos aspectos (¿ying-yang?) es la clave de la búsqueda del desarrollo espiritual.

Los personajes (Yaxley el mago, Pam Struyvesant, Lucas Medlar y el desconocido narrador) penetran en los misterios del coeur, y, a pesar de no recordar nada de lo ocurrido en ese ritual, son perseguidos después por las consecuencias de este visiones que cada uno no puede dejar de presenciar, y una percepción alterada de la realidad, que asoma informe, gris y llena de dolor y tristeza.

Harrison pinta con maestría a los personajes y sus aflicciones, introduciendo a la vez en la relación entre Lucas y Pam (unidos más probablemente por la conmiseración mutua que por el amor) discursos dentro de discursos, Lucas escribe historias sobre el coeur para Pam, ubicando su última manifestación en el este de Europa de la Alta Edad Media, al mismo tiempo que, mediante la biografía de un escritor inexistente, Michael Ashman (incluso intitulada Hermosos Nadadores) la lleva por un exótico viaje en busca del coeur.

La novela no explicita en realidad nada de lo ocurrido a los personajes, decantándose por descripciones subjetivos y discursos que dan cuenta de pareceres sobre hechos, o de ficciones que se entretejen y poco a poco, dan a entender al lector de algo más de lo que dice el texto, acerca del corazón, el amor, la unión entre las personas (es notable la forma en que relata el diálogo de sordos entre Pam y Lucas) por lo que, a dfirencia de la literatura de Fantasía convencional o de los Best-seller, no presupone la complicidad del lector, sino la distancia (esto me recuerda a las ideas planteadas por Borges en Examen de la Obra de Herbert Quain, acerca de una historia en que es el Lector quien descifra el misterio y no el autor) Entonces, el regreso del Coeur y los motivos de su desaparición quedan para el lector, pudiéndo establecerse una larga controversia al respecto.

Y es que, si el pléroma existiese y fuese, por ende, capaz de manifestarse ¿no es lo natural que seamos traumatizados por este? ¿no es lógico que la visión o percepción de lo perfecto desde la imperfección del universo de la Ennoia nos cause secuelas irreparables? lo cual nos lleva a otro nivel de reflexión: ¿no son acaso las manifestaciones que sufren los personajes una proyección de sus temores, de los obstáculos que les impiden alcanzar la plenitud? entonces, podríamos decir que los personajes viven en algo llamado Emergencia Espiritual, termino acuñado por el psiquiatra pólaco Stanislaw Grof, fundador de la Psicología Transpersonal. ¿Es esta "emergencia" la causa de la maldición que padecen? (recuérdese que fonéticamente, Course, curso puede confundirse con curse, maldición, juego de palabras que, dada la construcción de los personajes tiene sentido) De este modo, el curso del corazón es el curso a través de la tormentosa -parafraseando a Grof- búsqueda del ser, en la que Harrison nos sumerge, no desde la óptica de la superación tan propia de los best-seller y los libros de autoayuda, sino desde la del error, la falla, el fracaso que nos hace humanos al enfrentarnos al regresar de la caida, cosa que los personajes no consiguen lograr del todo, al ser incapaces de comprender su propia situación, como cuando bloqueamos un recuerdo a causa del dolor. Aquí cabe otra reflexión, tomando en cuenta que en esta novela la "realidad" (como espejo de lo cotidiano) se mezcla con la ficción (como imaginario de los personajes) formando un sólo discurso, entonces quizás sea el miedo a vernos a nosotros mismos como lo que somos lo que nos impida avanzar (lo dejo allí, espero que cada lector encuentre su propia exégesis al respecto de este libro)

En cuanto al estilo, Harrison mantiene una consistencia abrumadora, profundamente poética en esencia, y sin embargo, no hay ni un punto, coma o palabra de más en el relato; cosa que parece ser sello de autor, ya que también en Luz es notoria esta característica. Aunque, a diferencia de esta, El curso del corazón ahonda mucho más en los dramas personanales, enmarcados por ambientes urbanos grises y solitarios, aunque tachonados de detalles fantásticos (y donde no están ausentes ni la sorpresa ni el erotismo) que no son más que excusas para contar una historia tan desgarradora como esperanzadora y ante la cual es imposible permanecer indiferente.



Otros recursos:



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12/22/2005

El Inventario de las Naves


Sorprendente este volumen de cuentos de Alexis Iparraguirre, ganador del Premio Nacional de Narrativa de la Católica del 2004, que recién está a la venta. Es una serie de relatos fantásticos, ambientados en un barrio de alguna ciudad innominada, donde se desatan extraños sucesos, previos a un huracán de gran poder destructivo. El primer relato, "Sabado", nos muestra los efectos de una extraña droga, el menos, que entre otras cosas, permite ver a Dios... o algo peor (no es el diablo, no es tan simplona la cosa). Los demás relatos giran en torno al mismo universo, como en "Hombre en el espejo", donde se nos da algunos atisbos de la identidad del Ser que permite visualizar la droga. "La hermandad y la Luna" podría haber sido escrito por el mejor Stephen King, con sus niños expertos en el tarot y sus extraños sacrificios. "El inventario de las naves" es un homenaje al Borges de "La muerte y la brújula", en el que los policías y detectives saben más sobre la interpretación de cierto diálogo de "La Iliada" que sobre criminalística. Los tres relatos restantes, "Proximidad del huracán", "Orestes" y "El francotirador", francamente, se me hicieron ininteligibles.
Su precio, menos de 10 soles, lo convierte en un libro a revisar.
El texto de la contraportada pone esto: "La decadencia de un barrio ante la fuerza inclemente de un huracán sirve de paralelo para narrar la agonía de una clase media que sucumbe ante sus pasiones y su frustración. En la Calle de los Sueños Perfumados conviven niños genios que leen el tarot, un hombre que emerge del espejo y un asesino en serie fanático de La Ilíada; pero, sobre todo, seres errantes con manías y carencias tan lejanas como familiares. Ni siquiera el menos, esa droga sintética y azul que consumen los personajes, los libra de la soledad y la pesadumbre. No se trata solo de sucesos fantásticos, sino de la destrucción de un reino que resuena como profecía milenaria en cada uno de estos relatos. Los lectores asistimos a este descubrimiento con una mezcla de pavor y reverencia: el temor a que nuestro paraíso urbano no sea más que una tierra de fantasmas. Alexis Iparraguirre es el cronista de este singular universo, quizá el más perturbador de nuestra narrativa reciente".

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12/14/2005

ANIME-Air


Producida por Pony Canyon, Visual Art's, Key y TBS y basada en el juego de video (originalmente hentai, de corte erótico) de Key, AIR es una serie de 13 capítulos con un spin-off en formato de video (OVA) llamado Air in summer de un profundo corte dramático y de misterio.

La historia se inicia cuando un viajero, llamado Yukito Kunisaki, llega a un pueblo costero al inicio del verano, continuando con una búsqueda que inició su madre de una chica alada.

Pretendiendo hacer algo de dinero con un truco que aprendió de su madre (un muñeco que anda y da vueltas sin cables de ningún tipo) y trás intentarlo sin éxito se deja caer, derrotado en un muro periferico a la playa, donde dos niños juegan.

Luego, una chica aparece, lo mueve, preguntándose si estará muerto, pero no, aún no es tiempo. esta chica (llamada Misuzu Kamio) lo lleva a su casa, nombrándolo su "amigo" y entra en el mundo de esta peculiar chica, que afirma soñar con una persona Alada.

Este es el inicio de una historia en la que el misterio, el drama y la emoción se entremezclan, en un viaje de descubrimiento, en el que, además de la pérdida de la inocencia, atestiguamos en los personajes tanto el crecimiento como los vínculos que los atan a sus miedos o, en todo caso, a la enorme carga kármica que no pueden superar del todo.

AIR se centra en el desarrollo de los personajes de este pequeños pueblo y con los que Yukito se irá topando a lo largo de los capítulos.

De Izquierda a Derecha: Haruka, Misuzu, Michiru, Minagi, Kano y Hijiri

Tenemos a Haruka Kamio, madre adoptiva de Misuzu, que aceptó aislarse de su familia para cuidarla y que no puede permitirse quererla, en contra de sus deseos (este factor es decisivo para la última parte de la trama). Las hermanas Kirishima: Kano (que siempre anda con una badana atada a la muñeca para evitar caer presa de un hechizo maligno -cosa que de hecho ocurre- y Hijiri, su hermana mayor, doctora del pueblo, que asumió esa profesión para cuidar de Kano.

También tenemos a Minagi Tohno, una chica tan guapa como elegante y reservada, encaja en el estereotipo de la mild-mannered girl tan común en el anime, y que, sin embargo, esconde su propia carga de resentimientos y misterios respecto a una hermana que, aparentemente no conoce y a una amiga (llamada Michiru) bastante misteriosa.

Cada capítulo se enfoca, tal como dice su título, en un aspecto del pueblo, los alrededores o los personajes, dando pie a una historia que, además de ser contada a cuentagotas, se las ingenia para mantenerte viéndola cada capítulo.

El tema central de la trama es la búsqueda de Yukito y la relación que, a través de esa búsqueda, entabla con Misuzu. Los sueños de Misuzu siempre la llevan a un frio y doloroso cielo, donde una mujer alada vaga, padeciéndo un enorme dolor. Y en la cual Yukito descubrirá el lazo que los ata al pasado y la maldición que, arrastrada por el ciclo del karma desde la muerte de la última de los alados (en japonés Kannabi no Mikoto) busca una salida, o una manera de hallar la reconciliación con el mundo-o con el amor- para seguir viviendo. Esto es especialmente notable en el caso de Misuzu, es incapaz de hacer amistad con nadie, puesto que, al hacerlo, entra en crisis histérica y rompe a llorar desconsoladamente. Lo que no queda del todo claro es la relación de los demás personajes con el drama de Misuzu (especificamente, Kano y Minagi, en la serie aparecen como vehículos para dar pistas, aunque cada una tiene una oportunidad de encarar su propio drama).

El guión, escrito en su totalidad por Fumihiko Shimo es de una profundidad emotiva estremecedora, con una administración del ritmo narrativo bastante bien lograda, la trama nunca parece detenerse, por lenta que vaya, y en los episodios de regreso al pasado, la acción cambia completamente, pero nunca sin perderle el paso a la historia. De hecho, este modo de concebir y crear una historia a partir de discursos entremezclados y con una carga emocional tan fuerte me recordó muy claramente a la novela El curso del Corazón de Michael John Harrison, que reseñaré proximamente.

También son de destacar el diseño de escenarios, en la cual destacan sobre todo los ambientes crepúsculares, extremadamente bien logrados y que son semejantes en calidad a los logrados por Makoto Shinkai en Kumo no mukou, Yakusoku no Basho y tanto los ambientes veraniegos (de gran luminosidad) como las espesuras de los bosques en los episodios de viaje al pasado pasan por un diseño bastante adecuado.

Otro punto a Destacar es el trabajo de los actores de voz, Tomoko Kawakami (Utena en Shôjo Kakumei Utena,etc.) encarna a Misuzu y Aya Hisakawa (Kerberos en Card Captor Sakura, etc.) y entre otros miembros del cast, tenemos a la destacada Kikuko Inoue (famosa por su rol como Belldandy en Ah! Megamisama) como Uraha, antepasada de Yukito.

En resumen, una serie de una muy buena calidad y que encantará a las personas amantes del misterio, las buenas historias y los dramas bien hechos.




Enlaces


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11/23/2005

ANIME- Haibane Renmei


Con Animación producida por el Estudio RADIX Haibane Renmei (la Federación de las Alas Ceniza) es una serie de animación de 13 capítulos cuya inspiración procede de una idea original de Yoshitoshi Abe (Serial Experiments Lain, Niea under 7, se encarga del guión)y que cuenta con la dirección de Tomokazu Tokoro (Chikyuu Shôjo Arjuna, Niea under 7) y el diseño de personajes de Akira Takada.(Niea under 7) es un giro de temática por parte del autor, ya que esta producción es de fantasía y caracterizada por una consistencia dramática, a diferencia de la Psicológica y Cyberpunk Lain o la desternillante Niea.

La historia está ambientada en un universo bucólico y a la vez misterioso, donde además de los humanos, existen los llamados "Alas Ceniza" (Haibane) que no nacen, sino aparecen en un capullo, del cual emergen con una forma dada.

La protagonista de la serie, una adolescente llamada Rakka, aparece en una villa llamada Old Home, un sitio de reunión de los alas ceniza.

Es una tradición entre estos recibir su nombre (ya que nacen sin nombre y sin recuerdos de lo que probablemente sea su vida anterior.) del sueño que tienen antes de emerger del capullo, por ello es que Rakka recibe ese nombre, ya que estaba cayendo en su sueño, al poco tiempo le salen alas, lo que le produce un gran dolor, y para completar su adecuación, le es puesto un halo eléctrico, que siempre le causa problemas con el cabello.

De immediato es presentada con los demás habitantes de la casa, Reki, la mayor y líder del grupo quien ejerce en mayor medida el papel de "madre". Nemu, la más madura y que trabaja como ayudante en la biblioteca, Hikari, quien se hace cargo de algunos quehaceres de la casa, Kuu, que parece ser un niño pero es una niña y siempre se esfuerza por ser un buen ejemplo para los más pequeños, junto a ellos conviven Kana que trabaja en la tienda de relojes y muchos otros más.

Pronto, es intoducida en la vida cotidiana de los haibane, que deben buscar un trabajo en el pueblo cercano (Gile), y que no están autorizados a portar dinero. Rakka, tras trabajar ayudando a Nemu en la biblioteca, encuentra una ocupación en los túneles que están bajo los muros del pueblo, y de los que nadie, excepto los misteriosos Touga pueden salir.

Los haibane aparentemente están en ese mundo por una razón relacionada por la expiación del pecado, o la ruptura del ciclo kármico, ya que las alas, tras cierto tiempo, se ennegrecen y el haibane debe descubrir en si mismo la causa de su vinculación al pecado. Pero esta búsqueda no es eterna, si después de un determinado tiempo no consiguen emprender el día del vuelo, son separados del resto y viven el resto de sus días aislados y sin perdón, es decir, la salvación es un acto estrictamente individual.

Para ayudar a los haibane a cumplir con su misión, que es completada cuando parten en el Día del vuelo hacia lugares desconocidos, existe un pueblo llamado los Touga, de los cuales uno es llamado portavoz y es el único que puede tratar con los Haibane, por alguna extraña razón, nunca muestran sus rostros.

La lección final -si la hay- es que el perdón siempre se inicia con la reconciliación, pero con uno mismo, es en la búsqueda interior donde uno encuentra la resolución para ser capaz de aprender de sus errores y salir adelante, entonces uno encuentra el día del vuelo cuando es capaz de vencer a su propio miedo.

En suma, una producción que combina Fantasía, misterio y dramatismo en un escenario exótico y con personajes y un guión muy convincente, muy recomendable.

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11/16/2005

Entrevista a Melintón Eusebio, Cineasta peruano


La maldición lleva su nombre


Originalmente publicada en El Comercio

Por Julio Escalante

MÉLINTON EUSEBIO. Monstruos y espectros delirantes habitan los mitos andinos. "Jarjacha, el demonio del incesto" y "Almas en Pena", son dos películas de terror de este joven director ayacuchano que ahora vive en Lima con la pretensión de filmar la historia de la Casa Matusita.

Mélinton Eusebio ve gente muerta. Si te pones legaña de perro en los ojos verás fantasmas, dicen en algunos pueblos de la sierra. En su caso no fue necesario.

Cuando tenía 10 años, en Ayacucho, el fantasma de su primo vino una noche a su habitación. No quería levantar las sábanas y jalarle de los pies, quería que Mélinton le pidiera perdón. Unos días atrás habían estado jugando fútbol con otros muchachos. Su primo había anotado un gol, Mélinton, que era el portero, lo insultó. Hubo una bronca por eso, una pelea absurda. Ambos dejaron de hablarse. Sentado en su cama, asustado y tratando de convencerse de que la aparición de aquel fantasma había sido solo una alucinación o una pesadilla, Mélinton no supo la verdad hasta la mañana siguiente: su primo había muerto esa misma noche. Había sido la despedida. Así supo que el alma de su pariente quería marcharse sin ofensas. Mélinton no ha vuelto a dormir con la luz apagada.

Ese fue el primer episodio de una serie de eventos desafortunados. Sin embargo Mélinton no cree en maldiciones.

Su primera película --que no fue de terror, sino sobre pandillas juveniles-- la grabó a los 18 años con el elenco del grupo de teatro en el que participaba. Se llamó "Lágrimas de fuego". Una de sus actrices perdió la razón, enloqueció tanto hasta morir. Sin sustento legal, la familia de la muchacha quiso denunciar a Mélinton. El tiempo borró ese mal momento. En noviembre del 2002, estrenó "Jarjacha, el demonio del incesto" en el cine Cavero de Ayacucho, que tiene tres pisos y butacas para mil doscientos espectadores. Permaneció diez semanas en cartelera. Éxito total en taquilla. La prensa se entusiasmó y desde Lima comenzaron a poner interés en este muchacho, casi un autodidacta de la imagen, que hacía películas de terror sobre monstruos andinos en video y con menos de mil nuevos soles. La película trajo otro saldo negativo: tiempo después uno de los actores falleció.

Este 2005, con 27 años, ya estrenó su segundo largometraje de terror, "Almas en Pena", en Ayacucho, Abancay y Andahuaylas. Y otra vez sucedió: un camión usado para grabar una escena cayó desde un barranco. Hubo cuatro heridos. Desde abril vive en San Juan de Miraflores con sus hermanos. Se ha mudado a la capital para investigar y luego rodar el misterio de la Casa Matusita. Está seguro de que nada raro pasará. No muchos le creen.

CIUDAD DEL PECADO
"No vayas solo por la noche porque te puede coger el jarjacha o el terruco", decía la tradición oral con la que creció Mélinton en los ochentas. Había que temerle a lo sobrenatural y a las bombas y disparos de un escuadrón de la muerte. En Ayacucho, cuna de Sendero Luminoso, el miedo era un órgano insertado al cuerpo. Controlar los miedos puede ser el mejor escudo contra el enemigo. Mélinton Eusebio se recuerda de niño, viendo una película de Drácula en la televisión y huyendo despavorido: "Me metía debajo de la cama, pero mis padres me forzaban a verlo".

Luego de ingresar a la Universidad San Cristóbal de Huamanga para estudiar Derecho y darle gusto a la familia, supo que debía volver al cine, a su afición de toda la vida, a contar historias para miles de ojos. Y eligió la leyenda del jarjacha (que ríe Jar,jar, jar), un ser condenado que lanza escupitajos de llama para paralizar a sus víctimas y luego devorarles el cerebro como un zombi. Esta fue la primera criatura horripilante de la pantalla grande con raíces andinas.

En la película el pueblo castiga el pecado: mata a pedradas al alcalde por acostarse con su hija. Pero este vuelve como Jarjacha a cobrar venganza.

El jarjacha de Mélinton es un encapuchado con hábito de fraile y rostro de un maniático de comedia. Puede resultar una farsa para los acostumbrados al maquillaje de Freddy Kruger o los efectos especiales de cualquier mala película de Hollywood.

"Jarjacha, el demonio del incesto" se grabó en la comunidad de Rancha. Y le ha traído mala suerte. Sus vecinos lo llaman "Pueblo de jarjachas". Es decir, pueblo de pecadores. Hace una semana un equipo de la cadena Telemundo vino a entrevistar al director ayacuchano. Mélinton quiso convencer a las autoridades de que las cámaras realicen unas tomas para el reportaje. Se negaron: "Qué quieres, que nos conozcan así en otros países". Temen ser condenados por los ojos del mundo.

GUSTOS Y ESCALOFRÍOS
"La cerda es mía", dice el demonio que habita el cuerpo de una niña linda. El sacerdote le salpica agua bendita y lee la Biblia. Las paredes tiemblan. La madre de la niña clama piedad al cielo. Y la cabeza de su hija gira en 360 grados, como un tornillo. Esta es una escena de "El exorcista", quizá la película que ha asustado a más generaciones. Esta y decenas de títulos más forman el estudio de aprendizaje de Mélinton Eusebio. Su formación audiovisual termina después de las dos de la madrugada. No es un fanático de carnicerías humanas como en el gore, esa categoría de
películas donde predominan decapitados, vísceras y la sangre con la consistencia de una mermelada de fresa.

Lo suyo es el terror que va directo a los nervios. Le encanta el suspenso. La sorpresa final de "El sexto sentido". Y ese diván de la tortura psicológica que es el cine de terror japonés.

Si el museo clásico del miedo lo integran Drácula, la momia, el hombre lobo, la criatura de Frankenstein, una habitación peruana del pánico podría tener entre sus miembros al 'pishtaco', succionador de grasa del hombre de los Andes; Sara Hellen, amante del Conde Drácula con residencia en un cementerio de Ica: Mónica, una seductora fantasma arequipeña que busca jóvenes en discotecas, el Kharisiri,pariente aimara del pishtaco, de quien el puneño Henry Vallejo ha realizado una película de notable éxito en Juliaca, Ilave y otras provincias del sur.

Mélinton Eusebio está segurísimo de que el jarjacha y el pishtaco son personajes que podrían invadir mercados en el extranjero. "Son totalmente exportables". Lo dice como quien reconoce en ellos el potencial de un producto de bandera o de un jugador de "fulbo peruano" para las ligas mayores. De otra cosa está convencido que estas leyendas rurales son un medio de control social.

De paseo por Mesa Redonda y el centro comercial El Hueco, Mélinton Eusebio ha conseguido elevar su ego: "Jarjacha" es una de las películas peruanas más pirateadas.

A mediados de los setentas se filmó "El inquisidor de Lima", una coproducción argentina. Y ese es el antecedente más próximo a Jarjacha en el cine de terror peruano. Mélinton dice que quizá los cineastas de Lima no han sentido el miedo del provinciano y por eso "su cine no tiene un enganche con el pueblo".

"Voy a morir haciendo cine. Tengo que evolucionar hacia algo más personal. Esto es un inicio", dice sentado en una sala de cine. Siente que a su edad debió tener ya cinco películas filmadas. Tiene una deuda que superar. Quisiera negar que el terror ya lo enganchó, pero no puede. Está convencido de que quien no estudia Derecho se pierde algo bueno de la vida. Uno lo imagina quitándose la casaca y la camiseta y poniéndose la corbata y el saco. Transformándose. No sabe cómo pero seguirá filmando películas y ejercerá su profesión. No le teme al futuro.

Uno de los correos electrónicos de Mélinton tiene por seudónimo: "conunacámaraenlamanoyunaideaenlacabeza". Aunque no haya dinero y sus producciones continúen siendo baratas, le basta con la confianza en esas dos armas: la imaginación y un equipo de grabación.

En Lima no puede ir por la vida sin correr peligro, como en el campo. Siente sombras que lo persiguen y no camina tranquilo por la calle. "Y pensar que en algunos pueblos de Ayacucho a los delincuentes de Lima ya los hubieran linchado", dice. A Mélinton Eusebio le siguen ocurriendo eventos desafortunados pero no cree en maldiciones. Hace una semana robaron los cables de teléfono en su barrio de Ciudad de Dios y el viernes pasado un perro le clavó los colmillos en la piel. Apenas sangró.



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11/14/2005

Microcuento- Incendio de Mediodía

Bueno, ahora me aventuro en esto de los microcuentos, a ver como sale...



Fuego.
llamas silenciosas que consumen.
Como carnívoras transgresoras,
un sueño despierto, que
da vueltas en el encierro de una mente ansiosa.
Que, Sentada frente a una página, ve a sus miedos pasar
y que, trás darse por vencida una y mil veces,
en la cumbre del terror, se rinde y escribe:
"Fuego..."



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11/11/2005

Microcuento -Fantasía de eSapo

Kala Azar nos sorprende nuevamente con un microrrelato muy a su estilo.



Fantasía de eSapo.


Por kala Azar


La araña preparo sus redes y se sentó a esperar.
Dos figuritas de barro-chocolate venían por el camino de mazapán.
- El animal es el único hombre que cae dos veces en la misma trampa- dijeron los Dodós
-Está ciego –los Topos.
-No escucha consejos –los insectos.
-¿Cómo puede caminar después de la ultima vez?-las serpientes.
Ella le arrancaba pedazos a él y los comía
El olía su aroma a frambuesa.
Los árboles Disney bostezaban.
Las voces, las protestas, los gritos, el asombro, se fundieron en una bola negra y pegajosa y putrefacta y…
Las figuritas de barro-chocolate temblaron. Algo pasaba.
Árboles con ojos atentos los veían pasar, piedras de duros oídos escuchaban sus pasos.
En el recodo la bola los golpeó, aplastó, machacó.
Las dos figuritas quedaron tendidas en el camino.
El soñaba que ella se lo comía.
Ella soñaba que el moría por su olor.
Y eran felices y estaban muertos.
Y los animales volvieron a sus madrigueras en silencio.
La araña se encogió de hombros y guardo sus redes.
Mañana seria la misma historia.



FIN.


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11/10/2005

Microcuento - Victima

Hey flaquita, mírame.

Estoy frente a ti. No te hagas la loca.

Sí. Quiero que me des plata, pues. Yo sé que tienes, no te hagas.

Por gusto gritas, por aquí no pasa nadie, ni vivo ni muerto.

Tranquila, flaquita, tranquila. Shhh. La verdad que estás buena flaquita, franco.

Por gusto miras a todos lados, ya te dije que por aquí no pasa nadie.

Sí, me doy cuenta que es de noche y que hay luna llena.

No me amenaces, flaquita, vas a perder. No me cambies de cara.

Sí, seguro que vas a defenderte con uñas y dientes. Sobre todo con tus dientes, ¿no?

Pero yo tengo un crucifijo de plata.

Ves, quema.

Ahora, suelta el billete.


Daniel Salvo


Publicado originalmente en Gambito de Peón
http://blogs.ya.com/gambitodepeon/

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10/26/2005

RESEÑA - Pequeño, Grande


John Crowley (Nueva York, 1942) es uno de los más prolíficos y reconocidos escritores norteamericanos del género. Ganador del World Fantasy award por esta obra(1981), nos lleva en un paseo familiar de proporciones extraordinarias en esta novela.

Pequeño, grande Se inicia en el mismo tono de un cuento de hadas, que uno puede sentir en el tono de su redacción, amable y lineal, aunque con una trama que progresa a saltos y cuanto más cerca al final, es más vertiginosa en su estilo.

La historia se inicia con el viaje de casamiento de Smoky Barnable, prueba impuesta por la familia de su pretendida, la rubicunda beldad Daily Alice Drinkwater, quien es considerablemente más alta que él.

Este es el inicio de una aventura que nos lleva a la misteriosa Edgewood, mansión que corona el centro de un pentáculo (figura mágica bastante conocida), y donde más de un secreto se oculta.

Edgewood no es una casa ni una mansión particular, es un espacio donde diversas tendencias arquitectónicas se mezclan, formando un conjunto de indudable exotismo pero cuyas partes poseen un valor estético propio, enmarcado dentro de un estilo conocido.

Esto mismo puede decirse de los personajes de la historia, comenzando con el primer acto (la novela está dividida en cinco actos o partes, en la que varios personajes se reparten el peso argumental) centrado en las particularidades de la casa y la familia Drinkwater, comenzando con el padre de Alice, John Storm Drinkwater, hijo ilegitimo de August Drinkwater, famoso por sus dotes de seductor, que tenían algo que ver con la ayuda de ciertos entes sobrenaturales, cuya presencia no explicitada le da forma a la trama.

Así, somos testigos de la obsesión de Auberon Drinkwater, quien usaba a sus propias sobrinas, fotografiándolas desnudas cuando niñas para atraer la atención de esos seres, que parecen estar unidos al destino de los Drinkwater por algo llamado "El cuento," que gobierna sus vidas pero que no puede ser conocido realmente, salvo por señas indirectas, como las extrañas cartas de la tía Cloud, que se asemejan al Tarot, pero con figuras muy distintas y que recuerdan a personajes legendarios.

La historia, poseedora de un enfásis extraordinario en los detalles y las emociones de los personajes, fluye a través de las diversas texturas de explicación que los personajes emplean para liar con la constante sorpresa del mundo a su alrededor, y que está plagado de rituales reales o imaginarios para sobrellevarlo, como un perludio a la iniciación en algún misterio mayor, que por cierto existe.

Y es que, Pequeño, Grande trata de nada menos de la construcción de una mitología, o en todo caso, de su reconstrucción y es precisamente ello de lo que se trata "el cuento" la historia por la cual, un mundo sumido en la razón y la extrañeza vuelve a abrazar la magia de una naturaleza que, agredida, contrataca sutilmente y sin cejar.

Se puede hacer un parangón en este sentido, con la obra de Gabriel García Marquez,Cien Años de Soledad, Con la cual comparte elementos más que obvios, veamos:

1. La Predestinación, los objetos que demuestran, mediante claves esotéricas, que la mano del destino es inexorable, así como los rollos de Melquiades contienen la verdad de la familia Buendía, El cuento de los Drinkwater, o mejor dicho, la tierra de los Drinkwater (como Smoky averigua al final de la historia) oculta el dstino y propósito de sus vidas y sus esfuerzos.

2. El afán por el asombro, lo improbable es cierto y puede ocurrir en Edgewood, siendo los designios del cuento inescrutables y a veces dolorosamente incomprensibles. Como la desaparición de la hija de Sophie Drinkwater, Lilac, para actuar su parte en el plan.

3. Profusidad en los detalles y personajes, Pequeño, grande es una novela abundante en descipciones que van desde la Arqitectura de Edgewod hasta los pormenores de los momentos de intimidad entre los personajes.

Comparaciones aparte, el texto está dividido en cinco partes (o libros) que se centran en un respectivo personaje, así, en los dos primeros, es el punto de vista de Smoky el que prevalece, sin embargo, en el tercero y el cuarto, situados en el tiempo a veinticinco años de los anteriores, toma la voz narrativa su hijo menor Auberon, quien ha ido a la ciudad a buscar su destino. Por último, en el acto final, son varios los personajes que narran la historia, pero la presencia de la madre de Auberon, Daily Alice Drinkwater,es fundamental.

En resumen, un libro complejo, escrito como cuento de hadas, que habla principalmente de amor, familia y destino, y de las paradojas que la vida tiene, enseñándonos a redescubrir lo mágico en cada uno de nosotros, que podemos encontrar en la belleza del instante.

John Crowley, Pequeño grande, Little big, fantasía

10/20/2005

Los zombies de George A. Romero


Tengo un motivo más para morir tranquilo, y es que he visto completa la tetralogía sobre zombies que ha filmado, a lo largo de los últimos años, George A. Romero.

Su mítica “La noche de los muertos vivientes” (1968), tiene el aura maldita de no haberse estrenado comercialmente en Perú, aunque gracias al cable, y en su momento, al Canal 11 de Ricardo Belmont, pudo verse en la televisión. Filmada en blanco y negro, nos ofrece la génesis de un mundo de zombies: la explosion de una nave espacial de regreso a la Tierra, probable portadora de una radiación de origen desconocido, hace que los muertos recientes se levanten de sus tumbas con el objetivo de comerse a los vivos. Así empieza...
Parece mentira que una situación tan truculenta pueda desencadenar una sensación contínua de horror y angustia. Pese a que los zombies son lentos y torpes, los humanos no pueden contra ellos. Así, un grupo reducido se refugiará en una casa para ir muriendo de uno en uno, ya sea a manos de los zombies, ya sea por sus propias tensiones o miedos. Como en el resto de los filmes, los roles protagónicos son grupales y mixtos: están conformados por hombres y mujeres, blancos y negros. Pasada “La noche de los muertos vivientes”, los zombies pasan a convertirse en un peligro menor y evitable, pues se descubre que disparándoles al cerebro, “mueren”.


Sin embargo, en “El amanecer de los muertos vivientes” (Dawn of the living dead, 1978), las cosas no han sido tan simples. El número de zombies se incrementa, obligando a los humanos a replegarse en refugios. Un grupo de sobrevivientes integrado por una mujer y tres hombres que viven en sospechosa armonía se refugia en un gran centro comercial, donde cuentan con todo lo necesario para sobrevivir: alimentos, ropa, energía, entretenimiento.... los zombies rondan, pero carecen de iniciativa e ingenio para intentar alguna solución contra las barreras del centro comercial... hasta que por accidente, logran entrar. Pero, sorpresivamente, la gran mayoría de zombies se dedica únicamente a deambular por los inmensos espacios comerciales, observando con aparente curiosidad los escaparates y usando las escaleras mecánicas. “Es posible que cuando estaban vivos, venir al centro comercial fuera su única diversión. Ahora que están muertos, siguen viniendo aunque no saben por qué”. Este comentario de uno de los protagonistas es terriblemente irónico y agudo. En efecto, ¿qué diferencia hay entonces entre estar vivo y estar muerto, si la existencia se limita a un ir y venir por un centro comercial escuchando música ambiental? Resultamos siendo tan “zombies” como los muertos vivientes. Tras un largo interludio en el cual nuestros protagonistas disfrutan (acaso al igual que los zombies) de todos los bienes ofrecidos por la sociedad de consumo, otro grupo de humanos hará su aparición, destruyendo con su codicia esta relación de buena vecindad. Una pareja, compuesta por una blanca y un negro, logrará escapar hacia un posible lugar mejor (en todas las películas, los protagonistas “saben” de la existencia de regiones donde no hay zombies).


Tras el amanecer, siguió “El día de los muertos vivientes” (Day of the dead, 1985), en el que nuestros zombies se hacen más numerosos y los humanos más escasos. Esta vez, los sobrevivientes de turno están refugiados dentro de instalaciones militares, coexistiendo tensamente con civiles y científicos. Como buenos militares, intentan desarrollar una estrategia para acabar con los zombies, pero en buena cuenta, solo les sirve para sobrevivir. Mientras tanto, uno de los científicos ha iniciado una serie de experimentos con la finalidad de analizar el comportamiento de los zombies, logrando cierto éxito (y una relación casi paternal) con uno de ellos. Dentro de la atmósfera de tensión y reclusión de esta película, hay un espacio de humor (bueno, hay varios, pero en este caso, no se trata de humor negro) cuando vemos al zombie intentar afeitarse o aprendiendo a utilizar un walkman. Sin embargo, estos avances no significan nada para los militares, quienes solo piensan en términos de amigo-enemigo. Otra vez, sus miedos y ambiciones contribuirán a desencadenar la tragedia, cuando un grupo de zombies mantenidos en cautiverio para experimentar se libere, ocupando las instalaciones militares y permitiendo el ingreso de sus “colegas” del exterior. Nuevamente, una pareja conformada por una blanca y un negro logran huir en búsqueda del paraíso sin zombies, simbolizado por las islas del sur... “El día de los muertos vivientes” parecía ser el final de la serie, pues la idea, aparentemente, no daba para más.

“La tierra de los muertos vivientes” (Land of dead, 2005) es, más que una digna continuación, un cambio de perspectivas y – si se quiere-, un manifiesto en pro de la convivencia pacífica entre seres diferentes, o al menos, tan diferentes como pueden ser los vivos y los muertos
Con jugada maestra, Romero da una vuelta de tuerca completa y hace que el espectador simpatice más con los zombies que con los humanos. Éstos últimos han logrado refugiarse en una ciudad rodeada por dos ríos y una gran valla que la hace inexpugnable a los zombies. La vida dentro de esta ciudad, empero, dista de ser idílica, y no por la existencia de los muertos vivientes, sino por que reproduce todos los vicios de la humanidad: corrupción política, divisiones sociales absurdas, crimen organizado, policía represora... A diferencia de otras entregas, aparecen latinos en escena (John Leguizamo hace de “Cholo”, un matón que lleva un tatuaje de algo que parece un tumi en un hombro), y como homenaje, Asia Argento (hija de Darío Argento, cineasta italiano cuya película “Infierno” no me cansaré de recomendar nunca) y Tom Savini (el zombie del machete), director también de películas italianas de zombies.
Los humanos de la ciudad basan parte de su subsistencia en incursiones ocasionales a otras ciudades, pobladas definitivamente por zombies. Estos zombies, conscientes de la ausencia de seres humanos que comer, se dedican a deambular por ahí, acaso reconstruyendo lo que les queda de memoria. Así, un grupo de zombies integra una retreta en un parque intentando tocar penosamente instrumentos musicales. Una pareja que en vida fueron novios o enamorados pasea de la mano, y así... Este edén zombie es interrrumpido por la presencia ocasional de humanos que, habiéndoles perdido el miedo, saben distraerlos con fuegos artificiales que vuelven a los zombies más pasivos que lo habitual , al punto de ignorar la presencia de la codiciada carne humana fresca. Lo malo es que no faltan humanos fastidiosos que, por puro gusto, gastan bromas a los zombies (les arrancan miembros o los matan). Un zombie es asesinado por un grupo de motociclistas, ante la vista de un muerto viviente que en vida fuera un negro y fornido operario de una estación de gasolina. Este zombie “reacciona” de manera distinta a los demás. Muestra ira ante el maltrato de los humanos, y razona que estos provienen de la ciudad aislada, cuyo edificio más alto (y plenamente iluminado) brilla como un faro que guía a un grupo cada vez más creciente de zombies, liderados por el zombie grifero. El enfrentamiento entre zombies y humanos, empero, es menos cruento que el enfrentamieto entre humanos, incapaces de mostrar la determinación y fidelidad que muestran los zombies entre sí. Los protagonistas, un grupo de descontentos con el sistema, deberán optar entre escapar o quedarse para ayudar a la población inocente. La escena más significativa de esta película es aquella en la que, teniendo a un grupo de zombies en la mira, los protagonistas humanos (también los hay) deciden no eliminarlos, pues los consideran que, al igual que ellos, simplemente buscan un lugar donde vivir (por cierto, para esta entrega, el paraíso terrenal está en las desoladas tierras canadienses).
Como en las otras películas (excepto la primera), la humanidad (y los zombies) siguen moviéndose...

Daniel Salvo

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10/18/2005

AUTORES- Algernon Blackwood

Una nueva colaboración de Kala Azar, ahora acerca del autor inglés Algernon Blackwood


Algernon Blackwood
(1869- 1951)

Ingles, Maestro del cuento preternatural, fue un prolífico autor de fantasía y terror. Su cuento “The Willows” es considerado una de las mejores obras jamás escritas en el terreno de lo sobrenatural.
H. P. Lovecraft dice de el: "Comprende, mejor que nadie, cuán plenamente viven algunos espíritus sensibles en el límite del sueño, y cuán relativamente leve es la distinción entre las imágenes formadas por objetos reales y las suscitadas por el fuego de la imaginación".

Bibliografía (en español)

  • La Casa Vacía
  • El Valle Perdido
  • Culto secreto y otros relatos
  • John Silence, investigador de lo oculto.


Transición

Algernon Blackwood


John Mudbury regresaba de sus compras con los brazos llenos de regalos navideños. Eran las siete pasadas y las calles estaban atestadas de gente. Era un hombre corriente, vivía en un piso corriente de las afueras, con una mujer corriente y unos hijos corrientes. Él no los consideraba corrientes, aunque sí los demás. Traía un regalo corriente a cada uno: una agenda barata para su mujer, una pistola de aire comprimido para el chico y así sucesivamente. Tenía más de cincuenta años, era calvo, oficinista, honesto de hábitos y manera de pensar, de opiniones inseguras, ideas políticas inseguras e ideas religiosas inseguras. Sin embargo, se tenía a sí mismo por un caballero firme y decidido, sin percatarse de que la prensa matinal determinaba sus opiniones del día. Y vivía... al día. Físicamente estaba bastante sano, salvo el corazón, que lo tenía débil (cosa que nunca le preocupó); y pasaba las vacaciones de verano jugando mal al golf, mientras sus hijos se bañaban y su mujer leía a Garvice tumbada en la arena. Como la mayoría de los hombres, soñaba, ociosamente con el pasado, se le escapaba embarulladamente el presente, e intuía vagamente -tras alguna que otra lectura imaginativa- el futuro.

-Me gustaría sobreexistir -decía- si la otra vida fuera mejor que ésta -mirando a su mujer y sus hijos, y pensando en el trabajo diario-. ¡Si no...! -y se encogía de hombros como hace todo hombre valeroso.

Acudía a la iglesia con regularidad. Pero nada en la iglesia lo convencía de que iba a subsistir en la otra vida, ni le inclinaba a esperar tal cosa. Por otra parte, nada en la vida lo convencía de que no fuera o no pudiera ser así. «Soy evolucionista», le encantaba decir a sus pensativos amigotes (delante de una copa), ignorando que se hubiera puesto en duda jamás el darwinismo.

Así, pues, volvía a casa contento y feliz, con su montón de regalos navideños «para la mujer y los chicos», y recreándose con la idea de la alegría y animación de su familia. La noche anterior había llevado a «su señora» a ver Magia en un selecto teatro de Londres frecuentado por intelectuales... y se había entusiasmado lo indecible. Había ido indeciso, aunque esperando algo fuera de lo corriente. «No es un espectáculo musical -advirtió a su mujer-; ni tampoco una comedia o una farsa, en realidad», y en respuesta a la pregunta de ella sobre qué decían las críticas, se encogió, suspiró y enderezó cuatro veces su chillona corbata en rápida sucesión.
Porque no podía esperarse que un «hombre de la calle» con una pizca de dignidad entendiese lo que decían los críticos, aunque entendiese la Obra. Y John había contestado con toda sinceridad: «Bueno, dicen cosas. Pero el teatro está siempre lleno... y eso es lo que cuenta».

Y ahora, al cruzar Piccadilly Circus entre el gentío para coger el autobús, quiso el azar que (al ver un anuncio) le absorbiese el cerebro dicha Obra particular, o más bien el efecto que le causara en su momento. Porque le había cautivado lo indecible: con las maravillosas posibilidades que insinuaba, su tremenda osadía, su belleza alerta y espiritual... El pensamiento de John se lanzó en pos de algo: en pos de esa sugerencia curiosa de un universo más grande, en pos de la sugerencia cuasi divertida de que el hombre no es el único... Y aquí chocó con una frase que la memoria le puso delante de las narices: «La ciencia no agota el Universo», ¡al tiempo chocaba con otra clase de fuerza destructora...!

No supo exactamente cómo ocurrió. Vio un Monstruo feroz que lo miraba con ojos de fuego. ¡Era horrible! Se abalanzó sobre él. Lo esquivó... y otro Monstruo salió de una esquina a su encuentro. Corrieron los dos a un tiempo hacia él. Se hizo a un lado otra vez, con un salto que podía haber salvado fácilmente una valla, pero fue demasiado tarde. Le cogieron entre los dos sin piedad, y el corazón se le subió literalmente a la boca. Le crujieron los huesos... Tuvo una sensación dulce, un frío intenso y un calor como de fuego. Oyó un rugir de bocinas y voces. Vio arietes; y un testudo de hierro... Luego surgió una luz cegadora... «¡Siempre de cara al tráfico!», recordó con un grito frenético; y merced a una suerte extraordinaria, ganó milagrosamente la acera opuesta.

No había duda al respecto. Se había librado por los pelos de una muerte desagradable. Primero, comprobó a tientas los regalos: los tenía todos. Luego, en vez de alegrarse y tomar aliento, emprendió apresuradamente el regreso -¡a pie, lo que probaba que se le había descontrolado un poco la cabeza!-, pensando sólo en lo desilusionados que se habrían quedado su mujer y sus hijos si... bueno, si hubiese ocurrido algo. Otra cosa de la que se dio cuenta, extrañamente, fue de que ya no amaba a su mujer en realidad, y que sólo sentía por ella un gran afecto. Sabe Dios por qué se le ocurrió tal cosa; el caso es que lo pensó. Era un hombre honesto, sin fingimientos. La idea le vino como un descubrimiento. Se volvió un instante, vio la multitud arremolinada alrededor del barullo de taxis, cascos de policías
centelleando con las luces de los escaparates... y avivó el paso otra vez, con la cabeza llena de pensamientos alegres sobre los regalos que iba a repartir... los niños acudiendo a la carrera... y su mujer -¡un alma bendita!- contemplando embobada los paquetes misteriosos...

Y, aunque no lograba explicarse cómo, al poco rato estaba ante la puerta del edificio carcelario donde tenía su piso, lo que significaba que había hecho a pie las tres millas. Iba tan ocupado y absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta de la larga caminata. «Además -reflexionó, pensando cómo se había salvado por los pelos-, ha sido un susto tremendo. Una mald... experiencia, a decir verdad.» Todavía se notaba algo aturdido y tembloroso. A la vez, no obstante, se sentía contento y eufórico.

Contó los regalos... saboreó con antelación la alegría que iban a producir... y abrió rápidamente con la llave. «Llego tarde -comprendió-; pero cuando ella vea los paquetes de papel marrón, se le olvidará decir nada. Dios bendiga a esa alma fiel.» Hizo girar suavemente la llave una segunda vez y entró de puntillas en el piso... Tenía el espíritu henchido del sentimiento dominante de esta tarde: la felicidad que los regalos navideños iban a proporcionar a su mujer y sus hijos.

Oyó ruido. Colgó el sombrero y el abrigo en el diminuto vestíbulo (nunca lo
llamaban «recibimiento»), y se dirigió sigilosamente a la puerta del salón con los paquetes escondidos detrás. Sólo pensaba en ellos, no en sí mismo... O sea, en su familia, no en los paquetes. Abrió la puerta a medias y se asomó discretamente. Para estupefacción suya, la habitación estaba llena de gente. Retrocedió con rapidez, preguntándose qué podía significar. ¿Una fiesta? ¿Sin saberlo él? ¡Qué raro...! Experimentó un profundo desencanto. Pero al retroceder, se dio cuenta de que en el vestíbulo había gente también.

Estaba enormemente sorprendido; aunque, por otra parte, no lo estaba en absoluto. Lo estaban felicitando. Había una verdadera muchedumbre. Además, los conocía a todos; al menos, sus caras le sonaban más o menos. Y todos lo conocían a él.
-¿No es gracioso? -rió alguien, dándole una palmadita en la espalda-. ¡Ellos no tienen ni la menor idea...!

El que hablaba -el viejo John Palmer, el contable de la oficina, recalcó la palabra «ellos».

-Ni la menor idea -contestó él con una sonrisa, diciendo algo que no entendía, aunque sabía que era cierto.

Su rostro, al parecer, reflejaba la absoluta perplejidad que sentía. El impacto del golpe recibido había sido mayor de lo que él había creído, evidentemente... Su cabeza desvariaba... ¡al parecer! Pero lo raro era que jamás en la vida se había sentido tan despejado. Había mil cosas que de repente se le habían vuelto de lo más sencillas. Pero cómo se apretujaba esta gente, y con cuánta... ¡familiaridad!
-Mis paquetes -dijo, abriéndose paso a empujones, alegremente, entre la multitud-. Son regalos de Navidad que les he comprado -señaló con la cabeza hacia la habitación-. He estado ahorrando durante semanas, sin fumar un cigarro ni acercarme a un billar, y privándome de otras cosas, para comprarlos.

-¡Buen muchacho! -dijo Palmer con una risotada-. El corazón es lo que cuenta.
Mudbury lo miró. Palmer había dicho una verdad como un templo; aunque, probablemente, la gente no lo entendería ni le creería.

-¿Eh? -preguntó, sintiéndose torpe y estúpido, confundido entre dos significados, uno de los cuales era bonito y el otro indeciblemente idiota.

-Por favor, señor Mudbury, pase. Lo están esperando -dijo amable y pomposamente una voz. Y al volverse, se encontró con los ojos benévolos y estúpidos de sir James Epiphany, el director del banco donde trabajaba.

El efecto de la voz fue instantáneo debido al prolongado hábito.
-Desde luego -sonrió de corazón, y avanzó como movido por una costumbre inveterada. ¡Ah, qué feliz y contento se sentía! Su afecto por su mujer era real. El amor, desde luego, se había desvanecido; pero la necesitaba... y ella le necesitaba a él. Y a sus hijos -Milly, Bill y Jean- los quería profundamente. ¡Valía la pena vivir!
En la habitación había bastante gente... pero reinaba un asombroso silencio. John Mudbury miró en torno suyo. Dio unos pasos hacia su mujer, que estaba sentada en la butaca del rincón con Milly sobre sus rodillas. Algunos hablaban y andaban de un lado para otro. El número de personas aumentaba por momentos. Se colocó frente a ellas: frente a Milly y su mujer. Y les dirigió la palabra, tendiéndoles los paquetes. «Es Nochebuena -susurró tímidamente-; y les he... les he traído algo... a cada una. ¡Miren!» Les puso los paquetes delante.

-Por supuesto, por supuesto -dijo una voz detrás él-; pero aunque se pasase usted un siglo entero presentándoselos, daría igual: ¡no los verán jamás!
-Creo... -susurró Milly, mirando a su alrededor.

-¿Qué es lo que crees? -preguntó vivamente su madre-. Siempre estás pensando cosas extrañas.

-Creo -prosiguió la niña, ensoñadora- que Papá ya está aquí -calló; luego añadió con la insoportable convicción de los niños-: estoy segura. Siento su presencia.

Sonó una carcajada extraordinaria. Era sir James Epiphany el que reía. Los demás -toda la multitud- volvieron la cabeza y sonrieron también. Pero la madre, apartando de sí a la criatura, se levantó súbitamente con un gesto violento. Se le había vuelto blanca la cara. Extendió los brazos... al aire que tenía ante ella. Aspiró con dificultad, se estremeció. Había angustia en sus ojos.

-¡Miren! -repitió John-. Les he traído los regalos.

Pero su voz, por lo visto, no produjo el menor sonido. Y con una punzada de frío dolor, recordó que Palmer y sir James habían muerto hacía años.

-Es magia -exclamó-. Pero... yo te quiero, Jinny; te quiero... y... y siempre te he sido fiel; fiel como el acero. Nos necesitarnos el uno al otro... ¿acaso no te das cuenta? Seguiremos juntos, tú y yo, por los siglos de los siglos...
-Piense -lo interrumpió una voz exquisitamente tierna-; ¡no grite! Ellos no pueden oírlo... ahora -y al volverse, John Mudbury se encontró con los ojos de Everard Minturn, su presidente del año anterior. Minturn se había ahogado en el hundimiento del Titanic.

Entonces se le cayeron los paquetes. El corazón le dio un enorme brinco de alegría.
Vio que su cara -la de su mujer- miraba a través de él.
Pero la niña lo miraba directamente a los ojos. Lo veía.

Lo que su conciencia registró a continuación fue el tintinear de algo... lejos, muy lejos. Sonaba a millas debajo de él... dentro de él... era él mismo quien sonaba -absolutamente desconcertado- como una campanilla. Era una campanilla.

Milly se inclinó y recogió los paquetes. Su cara irradiaba felicidad y alegría...
Pero a continuación entró un hombre, un hombre de cara solemne y ridícula, con un lápiz y un cuaderno. Llevaba un casco azul marino. Detrás de él venía una fila de hombres. Traían algo... algo..., Mudbury no podía ver con claridad qué era. Pero cuando se abrió paso entre la alegre muchedumbre para mirar, distinguió vagamente dos ojos, una nariz, una barbilla, una mancha de color rojo oscuro y un par de manos cruzadas sobre un abrigo. Una figura de mujer cayó entonces sobre ellas, y oyó a sus hijos sollozar extrañamente... luego otros sonidos... como de voces familiares riendo... riendo de alegría.

-Dentro de poco se reunirán con nosotros. El tiempo es como un relámpago.
Y, al volverse rebosante de dicha, vio que era sir James quien había hablado, al tiempo que cogía a Palmer del brazo, como en un gesto natural, aunque inesperado, de afectuosa y amable amistad.

-Vamos -dijo Palmer sonriendo, como el que acepta un don en la comunidad universal-, ayudémoslos. No lo comprenderán... Pero siempre podemos intentarlo.
La multitud entera, riente y gozosa, se elevó. Fue, por fin, un instante de vida auténtica y cordial. La paz y la alegría y el júbilo reinaban en todas partes.
Entonces comprendió John Mudbury la verdad: que estaba muerto

FIN.

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